Prólogo del Catálogo del Archivo de la Universidad de la República
(1886 - 1904)


Con motivo de la institucionalización del Archivo General de la Universidad se publica el segundo volumen del Catálogo del Archivo de la Universidad de la República, fondo documental que obra en el Archivo General de la Nación.

Se abarca el período que se inicia el 15 de enero de 1886 y culmina el 04 de agosto de 1904 con el item correspondiente al Oficio "aprobando el nombramiento del Dr. Eduardo Acevedo para Rector de la Universidad".

El >Uruguay de fines del Siglo XIX y comienzos del XX era un país dinámico y propenso a las transformaciones. El crecimiento de la población resultaba espectacular, pues los 600.000 habitantes de 1886 se habían transformado en un millón veinte años después. La inmigración italiana y española y el incremento vegetativo explican este salto.

La economía tendía a la diversificación. La ganadería seguía siendo el motor de las exportaciones pero a fines del período el mestizaje del vacuno y el primer frigorífico anunciaban la decadencia del saladero, fábrica de carnes que había dominado todo el siglo XIX. La producción industrial de bienes de consumo se había afianzado y las empresas de servicios públicos estaban ya en manos del capital británico. El país conocía en 1890 una primera crisis económica que no se podía ya vincular, como en otras oportunidades, a sus crisis políticas. Ésta revelaba los lazos profundos que nos vinculaban al mercado internacional del cual desde ahora en más no podríamos prescindir.

La sociedad se había dividido en clases diferenciadas y conscientes de la diversidad de sus intereses. Las autodesignadas "conservadoras" -grandes terratenientes, fuertes comerciantes y prestamistas- constituían el núcleo de los sectores dominantes. Junto con el desarrollo industrial habían aparecido el proletariado y la "cuestión social".

El Gobierno, a comienzos de 1886 todavía estaba en manos de la clase militar, pero ya a fines de ese año se iniciaba la transición al civilismo que afianzaría su control de la vida política de ahí en más. La democracia no estaba asentada y las revoluciones de 1897 y 1904 lo testimonian. En setiembre de 1897 el Pacto de la Cruz había legitimado la representación parlamentaria de la minoría, pero la libertad de sufragio aún dependía de la autoridad que podía controlar el voto emitido públicamente.

La cultura se inspiraba en las formas europeas, particularmente francesas. La difusión de la enseñanza primaria había auspiciado el modelo pedagógico norteamericano, y su extensión fue mostrada como la base de la "conciencia" del futuro ciudadano. El sentimiento de la nacionalidad, expresamente construido desde la década 1870-80, se había consolidado. La secularización era ya uno de los rasgos distintivos del nuevo país. En ese marco, al deterioro del poder de la Iglesia sobre las elites intelectuales correspondía la influencia creciente de la Universidad liberal.

La Universidad formadora de profesionales respondía a las exigencias de los cambios sociales, económicos, políticos y culturales reseñados. Los títulos de "Doctor" e "Ingeniero" satisfacían tanto el ansia de "blasones" de las elites de una sociedad democrática, al decir del Rector Eduardo Acevedo, como las nuevas necesidades que imponían los cambios. Los ingenieros servirían para el trazado de las vías férreas, la construcción de carreteras y puertos, los médicos para el cuidado "científico" de la salud, y los abogados, para definir jurídicamente las nuevas formas económicas y sociales y proveer al gobierno de un personal político que cada vez requería mayor grado de especialización. Los primeros agrónomos y veterinarios comenzaron a formarse en la primera década del siglo XX.

Como se ha señalado este segundo volumen del Catálogo del Archivo de la Universidad de la República abarca el período que transcurre entre 1886 y el 4 de agosto de 1904, día en que asume el rectorado el Dr. Eduardo Acevedo. Comprende la que hemos considerado, en una perspectiva esquemática, como la segunda etapa histórica de la institución. Es el período del reformismo positivista, cuando la Universidad estatal uruguaya alcanza madurez institucional tras una importante reorganización. Comprende el gran ciclo que orienta desde el rectorado el Dr. Alfredo Vásquez Acevedo acompañado por un importante sector de universitarios, patrocinando cambios que repercuten en todos los órdenes de la vida universitaria, evidenciando una marcada preocupación por perfilarla como una institución que trata de lograr una eficiente formación profesional, protagonizar una reforma pedagógica ya la vez impulsar avances en el conocimiento de la investigación científica.

La etapa decisiva de los rectorados de Vásquez Acevedo transcurre entre los años 1884-1893 y 1895-1899. Durante más de tres lustros Vásquez Acevedo "se entrega" a la institución, coma ha escrito Arturo Ardao "en una gesta de cada día y de cada hora, omnipresente e incansable, su enjuta figura de gentilhombre castellano llegó a ser, para profesores y alumnos, como el espíritu mismo de la institución".

Pero fueron también tiempos de ásperas polémicas filosóficas entre los grupos embanderados en el espiritualismo ecléctico y los promotores de la corriente positivista, Ardao las ha calificado como "un fenómeno único y emocionante en la historia de nuestra cultura". El debate invadió claustros, aulas, consejos y trascendió con la misma vehemencia a la prensa montevideana de la época -El Día, El Bien, La Razón, El Siglo-, acaparó largas discusiones en el Consejo Central cuando se trataba de la designación de profesores, conmocionó más de una vez la Sala de Doctores de la Universidad en los actos electorales para designar rector. En más de una oportunidad, el Presidente de la República terció en la contienda, no designando de la terna propuesta por la Sala de Doctores el candidato a rector más votado. En 1893 por ejemplo, el Poder Ejecutivo nombró al "espiritualista" Pablo De-María que había alcanzado 98 votos en la Sala, cuando el "positivista" Alfredo Vásquez Acevedo había logrado 101, y el aparentemente "neutral" Eduardo Brito del Pino, 88.

Pero la transición ganó finalmente terreno; el antagonismo fue atemperándose cuando el dogmatismo ciencista cerraba su ciclo en Europa, porque repercutía en la militancia del positivismo latinoamericano.

En los últimos años del siglo XIX, la Universidad aprobó un Plan de Reformas, pero sin alterar mayormente la estructura orgánica. "Instruir y educar" fue el lema en que se distinguió la nueva orientación pedagógica. José Scosería, Alfredo Navarro, Angel Maggiolo, Manuel y Ernesto Quintela, Elías Regules entre otros, remodelan la Facultad de Medicina fundada en 1876, a imagen de la de París donde varios de ellos se habían formado. Juan Monteverde y Eduardo García de Zúñiga abren, desde la Facultad de Matemáticas recién creada, nuevas perspectivas a profesionalismo tecnológico. Hubo cambios también en Derecho, sustanciales en Constitucional al ser sustituido Justino Jiménez de Aréchaga -el primero de los Aréchaga-, aflorando la línea spenceriana con Manuel Herrero y Espinosa (aunque más tarde se reincorporará Aréchaga nuevamente). Cambios en Civil concediéndose preeminencia al estudio de los principios ya! espíritu de la ley, por sobre la simple repetición memorística.

Se reincorpora Derecho Internacional Privado, pero la nota más significativa fue la creación del aula de Práctica Forense, encomendada al rector Vásquez Acevedo, mientras Carlos Ma. de Pena y Eduardo Acevedo modificaban los programas de Economía. Es también la época del Carlos Vaz Ferreira joven, audaz reformador junto a Eduardo Acevedo de los estudios secundarios. Pero quizá el hecho más significativo de estos años finiseculares fue la inauguración -a partir del laboratorio de bacteriología que fundara José Arechavaleta- del Instituto universitario de Higiene Experimental bajo la dirección del microbiólogo contratado en Roma, José Sanarelli, primero en su género en América Latina, abriendo un cauce avanzado para la investigación científica.

Trasladadas las oficinas del Rectorado de la Facultad de Derecho, Enseñanza Secundaria y de la Facultad de Matemáticas al edificio de Cerrito 73, -el suntuoso Hotel Nacional construido por Emilio Reus en el 90 para patrocinar la formación de un balneario en Montevideo que la crisis hizo fracasar- arrendado por el Rector al Banco Hipotecario por 600 pesos mensuales, la Universidad pudo entonces expandirse.

Apaciguada la polémica filosófica, en el lustro inicial del siglo XX, nuevas orientaciones se asumieron en las cátedras, mientras bibliotecas, laboratorios y gabinetes vieron acrecentar en estos años el acervo de sus colecciones a la vez que alcanzaban un elevado nivel técnico para la época.


Literatura consultada
ARDAO, Arturo. Racionalismo y liberalismo en el Uruguay. Montevideo: Publicaciones de la Universidad de la República, 1962.

BARRAN, Jose Pedro, NAHUM, Benjamín. Historia rural del Uruguay Moderno. Tomo 111, Recuperación y dependencia 1895-1904. Montevideo: Banda Oriental, 1973.

CAETANO, Gerardo, RILLA, José. Historia contemporánea del Uruguay; de la Colonia al MERCOSUR. Montevideo: ED. Fin de Siglo, 1996.

MENDEZ VIVES, Enrique. El Uruguay de la Modernización 1876-1904. Montevideo, Banda Oriental, 1975.

PARIS de ODDONE, M. Blanca. La Universidad de Montevideo en la formación de nuestra conciencia liberal. Montevideo: publicaciones de la Universidad de la República, 1958.

JUAN ODDONE -Blanca París, La Universidad uruguaya del militarismo a la crisis. 1885-1958. Montevideo, Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República, 1971, t. I.