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Viernes 22 de Enero de 2021

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Desnutrición y malnutrición infantil: «vergüenza nacional»

En el marco del taller «Nutrición: desnutrición y malnutrición infantil y materno-infantil» celebrado este jueves en el Espacio Interdisciplinario de la Udelar, el director del Institut Pasteur de Montevideo, Luis Barbeito, opinó que los índices de anemia detectados en niños de entre seis y 23 meses de edad representan -teniendo en cuenta las inversiones del Estado en Salud Pública y políticas asistenciales-, una «vergüenza nacional».

El Taller cerró las III Jornadas de Investigación e Innovación Orientadas a la Inclusión Social que se desarrollaron desde el miércoles con la organización de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC).

Para esta actividad la CSIC convocó a universitarios de todas las áreas y actores de instituciones gubernamentales como el Ministerio de Salud Pública, el Instituto Nacional de Alimentación (INDA), el Ministerio de Desarrollo Social, el Programa Uruguay Crece Contigo y la ANEP. Con la realización de este Taller, la Comisión busca generar espacios comunes para el abordaje de problemas concretos, la proposición de posibles líneas de investigación, soluciones y políticas públicas.

El encuentro se inició con las exposiciones de Luis Barbeito, director del Instituto Pasteur de Montevideo, María Rosa Curutchet, coordinadora del programa de Atención al Riesgo Nutricional del INDA, y Beatriz Bellenda, responsable del Programa Huertas en Centros Educativos.

Hierro para la vida

Barbeito —que ha trabajado largamente en la investigación de las enfermedades neurodegenerativas—, se refirió a los efectos de la carencia de micronutrientes en el desarrollo del sistema nervioso durante la etapa prenatal y la infancia temprana. Recientemente en nuestro país se ha determinado la incidencia de la anemia en la población infantil: estudios realizados durante 2010 y 2011 revelan que la enfermedad afecta a casi un tercio de los niños entre los seis y 23 meses de edad, una cifra engrosada en mayor proporción por niños que nacen en hogares de nivel socioeconómico más bajo. Según Barbeito, la situación es una «vergüenza nacional», teniendo en cuenta lo que el Estado invierte en Salud pública y políticas asistenciales.

La afección es principalmente provocada por la deficiencia de hierro. La carencia de este nutriente — aun desde la etapa prenatal—, provoca importantes alteraciones en el desarrollo del cerebro: se produce desmielinización del sistema nervioso y como consecuencia, áreas distantes del cerebro no se conectan adecuadamente. El proceso es irreversible y provoca trastornos cognitivos, conductuales y emocionales permanentes, según confirman diversos estudios realizados con niños y jóvenes. La falta de hierro en la infancia temprana también ocasiona baja talla; en nuestro país se registra un porcentaje importante de niños con estatura por debajo de la media. «Eso no puede ser, estamos abajo de cualquier estadística internacional, y creo que es el primer desafío que hay que asumir con toda la responsabilidad como país», afirmó.

El investigador explicó que cuando esas alteraciones del desarrollo neurológico se combinan con el crecimiento en ámbitos de nivel socioeconómico bajo, las secuelas son aún más graves. Estos niños padecen niveles de estrés crónico que impactan negativamente en la definición de los patrones cerebrales que todos conformamos en la infancia, en relación con nuestro comportamiento social posterior.

Barbeito destacó que como sociedad debemos promover rápidamente políticas públicas, «educar, educar, educar». Alentó a intervenir efectivamente para revertir esta situación que deja «una cantidad de gente excluida», y a emprender la educación masiva de toda la población, con el fin de asegurar la disponibilidad de nutrientes esenciales desde las etapas prenatales y durante los primeros años de vida.

Conocimiento nuevo

Por su parte la nutricionista María Rosa Curutchet expresó su satisfacción por la realización del encuentro, en el que la Udelar alienta la vinculación entre la Academia, la sociedad y las organizaciones del Estado. «El conocimiento nuevo contribuye al desarrollo de nuevas políticas de desarrollo más eficientes, pero ese camino claramente no es lineal», indicó. Celebró la confluencia de personas de diversas disciplinas en el taller, porque «sin dudas la Nutrición es una ciencia multidisciplinaria», y esto muestra que «la Universidad viene liderando» en el proceso de crecimiento que vive nuestro país. Curutchet afirmó que debemos producir «trabajos que estudien nuestra población», y que conduzcan al desarrollo de acciones eficientes a nivel del Estado.

Además de la incidencia de la anemia, la problemática del sobrepeso y la obesidad también debería ser un tema de preocupación para las autoridades sanitarias, indicó. Se trata de una pandemia a nivel mundial relacionada con la malnutrición en etapas tempranas de la vida, que ocasiona diabetes y enfermedades cardiovasculares en los adultos. «El desarrollo de sobrepeso y obesidad está muy vinculado con la calidad de la alimentación, y no tanto con la cantidad», señaló, por lo cual deberíamos emprender estudios sobre «nuestra altísima exposición a los alimentos ultraprocesados -que contienen menos proteínas, más azúcar, más sal y más grasas-, y por tanto su valor calórico es mucho más alto pero su calidad en micro y macronutrientes es mucho menor que en la alimentación natural».

Indicó que muy posiblemente las personas de menor nivel socioeconómico consumen alimentos ultraprocesados de menor calidad, y en este sentido cuestionó la implementación de políticas públicas que suponen que «mejorando los ingresos mejoramos la alimentación, cuando esto claramente no es así». «Hay una necesidad de conocimiento nuevo para tratar de explicar los hábitos alimentarios y de consumo. Uruguay tiene una muy escasa cultura de evaluar sus programas alimentarios nutricionales, y si no evaluamos es difícil que los reformulemos en forma eficiente», concluyó.

Verduras en la ciudad

Beatriz Bellenda, docente en Facultad de Agronomía, explicó las características de la agricultura urbana. Es una práctica que contribuye a la seguridad alimentaria, a la organización comunitaria, a la generación de ingresos y al cuidado del ambiente urbano, mediante la producción propia de alimentos. En Uruguay se practica desde el establecimiento de inmigrantes europeos que trabajaron sus quintas, e históricamente se incrementa en períodos de crisis.

Bellenda se refirió a tres experiencias en las que la Udelar ha participado desarrollando la agricultura urbana. Se trata de intervenciones realizadas en la modalidad «investigación-acción en la generación de conocimiento», señaló.

En primer lugar relató los alcances del Programa de Producción de Alimentos y organización comunitaria (PPAOC) —implementado entre 2002 y 2006—, con la participación de 180 familias, 30 docentes y 50 estudiantes universitarios que trabajaron juntos en huertas familiares y comunitarias. Además, en 2006 la Intendencia de Treinta y Tres convocó a la Universidad con el objetivo de incrementar el consumo de hortalizas en el departamento; en el interior del país su disponibilidad es escasa. Los vecinos que participaron del programa llegaron a consumir entre 25 y 76% de la producción familiar de hortalizas. Posteriormente la práctica de la agricultura urbana se expandió a más de 200 padrones.

El Programa Huertas en Centros Educativos, que reúne a la Udelar, ANEP y la Intendencia de Montevideo, surgió con la idea de pensar «la huerta en la escuela con deberes domiciliarios». El Programa busca promover un cambio cultural que aliente a «mejorar la relación de la comunidad con la naturaleza». Las huertas escolares son de carácter productivo, pedagógico y articulador, y contribuyen a la incorporación de hortalizas en la dieta de la comunidad. Actualmente involucra a 14.000 niños, 400 maestros y 30 orientadores de huerta, en general estudiantes de Agronomía y otras carreras afines. «Hemos podido comprobar que el niño que cultiva luego prueba —por lo menos—, algo difícil para un niño siendo que tienen esta “historia negra” con las verduras. Sentimos que desde la escuela podemos producir alimentos sanos, de calidad y económicos, favoreciendo la autonomía y —un paso más allá—, la soberanía alimentaria», señaló.

Bellenda afirmó que «a través de estas cosas la Universidad ha dado y da respuestas a demandas de la sociedad en diversos contextos, en un plano de igualdad con otras instituciones, sumando esfuerzos, compartiendo saberes, y poniendo sus recursos a disposición». Añadió que es posible generar un espacio articulador de las tres funciones: «normalmente cuando uno sale a intervenir se dan espontáneamente y muy naturalmente la investigación, la extensión y la enseñanza, se crea un espacio muy adecuado para la formación de nuestros futuros profesionales».

La jornada concluyó con la participación de los asistentes en talleres de discusión sobre cuatro líneas propuestas por los organizadores: «Retraso del crecimiento infantil (retraso de talla) entre 0 y 5 años, con mayor incidencia en 0 a 2 años», «Carencias de micronutrientes (hierro, zinc, iodo, etcétera)», «Malnutrición y desnutrición infantil, su impacto a nivel cognitivo», y «Aspectos culturales y sociales de la nutrición». Los planteos que surgieron de cada taller podrán consultarse en la página web de la CSIC en los próximos días.
Publicado el viernes 4 de mayo de 2012

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