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Jueves 18 de Octubre de 2018

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Decano de Veterinaria: «traslado de la Facultad es un sueño»

Decano de Facultad de Veterinaria, José Piaggio. Foto: Richard Paiva-UCUR. 18/01/2017.Representantes de 19 empresas constructoras comparecieron el 22 de febrero en la Facultad de Veterinaria para conocer de primera mano el proyecto de construcción de la nueva sede en el cruce de las rutas 8 y 102 en Montevideo. Para el decano José Piaggio, se trata de «un sueño». La culminación del proyecto insumirá por lo menos cuatro años.

Del lado de la Universidad de la República (Udelar) participaron, además de Piaggio, funcionarios del Plan de Obras de Mediano y Largo Plazo y de la Dirección General de Arquitectura. El nuevo complejo, con una superficie de casi 20.000 m2 interiores edificados, se emplazará en un terreno propiedad de la Universidad y ocupará 10 hectáreas de un total de 35. El llamado a licitación que se abrirá próximamente incluye la realización del proyecto ejecutivo, construcción, y entrega en condiciones de pleno funcionamiento («llave en mano») de los edificios de la nueva sede a un costo estimado en alrededor de $ 1.100 millones incluido equipamiento.

José Piaggio nació en 1962 en Montevideo, pero hasta los diez vivió en Paysandú donde su padre, abogado, fue designado como juez de paz. Durante su adolescencia dudó entre estudiar química o veterinaria, y cuanto terminó bachillerato ingresó a la Facultad de Química. «Cursé un año y me di cuenta de que lo que quería hacer era veterinaria». Piaggio tiene tres hijos: el mayor con 24 años está a punto de recibirse de ingeniero de sistemas; el segundo tiene 21 y estudia músico-terapia, y el tercero tiene 20, y este año empieza la carrera de ingeniería.

¿Qué recuerda de su ingreso a la Facultad en 1982?
Era la última etapa de la intervención de la Universidad y del gobierno de facto en el país. Una de las primeras cosas que encontré, igual que los de mi generación, fue un clima muy fermental: había estudiantes luchando por derechos, por participar, y nosotros como que nos incorporamos a un ambiente que ya estaba formado. En Veterinaria en particular había historias de resistencia como haber sacado un decano durante la intervención, cosas muy significativas. A poco de ingresar comencé a participar en la parte estudiantil. En aquel momento era la ASCEEP-FEUU y eso marcó mucho a mi generación en la militancia. Cuando se pudo lo hicimos en la FEUU –yo participé mucho como delegado de la Facultad en el consejo federal, y también en el ejecutivo-, y por entonces también fundamos la Corriente Gremial Universitaria (CGU). La Asociación de Estudiantes de Veterinaria (AEV) tenía diferentes agrupaciones y una de ellas era la CGU. Fue una etapa de mucha militancia: tras la caída de la intervención había que recomponer el sistema de democracia universitaria y, al influjo de otras movidas en el país, participamos en la comisión de educación de la Concertación Nacional Programática (CONAPRO), y en otras acciones políticas.

Su antecesor en el decanato, Daniel Cavestany, contó que durante la intervención de la Universidad los troncos de los árboles de esta facultad se pintaron todos de blanco. ¿Tiene alguna anécdota personal relacionada con su propio ingreso?
Teníamos un régimen muy estricto. Entrábamos a las siete de la mañana y no podíamos atrasarnos ni un minuto. Al ingresar controlaban que el pelo no tocara el cuello de la camisa. Realmente se sentía una presión muy importante, pero eso cambió rápidamente porque en la Universidad ya se vivía un proceso que terminó con el fin de la intervención: Nos reuníamos, salíamos a repartir volantes, de repente nos pasábamos toda la noche pintando pancartas. En esa época había represión y recuerdo que algunos compañeros estuvieron detenidos, pero uno no lo vivía como un peligro sino como que todos los días se avanzaba un poco más, se conquistaba algo nuevo. En nuestra generación, por haber enfrentado un enemigo común que fueron la intervención y la dictadura, tenemos una unidad por encima de diferencias de partidos, sectores o puntos de vista. Aun en la discrepancia o en la confrontación de opiniones, teníamos algo mucho más fuerte que nos unía que era el retorno a la libertad y la democracia. Eso se transmite hasta hoy ya que tenemos absoluta afinidad y amistad con docentes de otros sectores de militancia universitaria. Estamos muy orgullosos y hasta hoy decimos, un poco en broma, que la generación 82 fue pionera en muchas cosas, incluso acá en la Facultad de Veterinaria.

¿Cuándo ingresó a la docencia?
En 1989 ingresé como docente honorario a la cátedra –aun no era departamento-, de Bioestadística, una herramienta fundamental para la investigación científica, donde desarrollé toda mi carrera académica. En 1990 tuve el primer cargo grado 1 de ayudante. Si bien dábamos cursos optativos y participábamos en muchas actividades, a partir de 1998 con un nuevo plan de estudio la Bioestadística pasó a ser obligatoria y tuvo un auge importante. Hoy es un departamento con muchas actividades a nivel de posgrados, especializaciones, y en el grado en diferentes niveles.

¿Cuáles son los desafíos de su gestión?
La profesión actúa en áreas muy importantes. Los veterinarios intervienen en la apertura de mercados tratando de mantener un estatus sanitario acorde a los lugares donde el país pueda exportar. Hay una tarea vinculada desde la etapa de producción hasta la parte comercial. En salud pública la profesión veterinaria es la primera barrera frente a muchas enfermedades: brucelosis, tuberculosis, leptospirosis, hidatidosis, rabia y otras. Ni hablar de la inocuidad de los alimentos tanto en la actividad pública como en las industrias donde también hay un rol muy importante. Es una carrera que abarca muchos ámbitos relevantes y está muy diversificada: hoy por ejemplo los animales de compañía tienen una importancia cada vez mayor porque la gente cuida mejor a sus mascotas. Para formar a este profesional, bueno técnicamente y comprometido con la sociedad, tenemos varios limitantes.

¿Cuáles?
Uno es la parte edilicia. Estos edificios tienen más de 100 años y fueron pensados para una carrera muy diferente a la de hoy: esto era una chacra que convocaba a generaciones pequeñas. Actualmente no es adecuado el enclave, ya que estamos en medio de un barrio residencial, pero tampoco lo son los laboratorios y aulas. Por otra parte el estudiante de veterinaria es bastante particular: viene temprano y se va de noche tarde. Tiene un sentido de pertenencia muy fuerte y no existen lugares donde estudiar cómodamente, interactuar, tener espacios de esparcimiento. Por ejemplo la parte deportiva fue siempre muy importante, en particular el fútbol, y tenemos una cancha sin vestuarios ni iluminación, a pesar de lo cual no sé cómo hacen pero juegan de noche. Hoy tenemos cuadros de rugby de chicas, fútbol femenino, voleibol y no tenemos condiciones. En el predio de ruta 8 hay 35 hectáreas, hay condiciones para hacer muchísimas cosas. Inclusive, aunque todavía no lo conversé con el rector, hay posibilidades de que toda la Universidad pueda desarrollar cosas en este aspecto y otros. El problema es que como siempre estamos por trasladarnos, hemos tenido pocos recursos para el mantenimiento y entonces estamos con condiciones bastante críticas. Por ejemplo el hospital debería contar con otras condiciones para el acceso de animales, consultorios, internaciones. Tenemos que pegar un salto importante. Es una larga historia, pero hoy ya tenemos el Instituto de Producción Animal Veterinaria (IPAV) en Libertad (San José), y la nueva sede comienza a concretarse: en diciembre se colocó la piedra fundamental, y ahora se convocó a las empresas interesadas en construir las próximas etapas. Para nosotros el traslado de la Facultad es un sueño.

¿Cómo se acompasan en el territorio las acciones de descentralización de la Facultad?
Estamos muy contentos con la nueva localización del IPAV. Se desarrollaron algunos cursos en forma piloto y en el último consejo de 2016 se aprobó su continuación. Allí tenemos un tambo experimental y sin duda su funcionamiento es un avance enorme. La descentralización también es gradual: hay docentes que ya están trabajando, pero hay actividades que aún permanecen en la sede de Montevideo. El traslado completo implica que todos los nuevos llamados de docentes para producción animal se realicen con radicación en el IPAV, y entonces no es de un día para otro.
Desde siempre nuestra profesión tiene la particularidad de desarrollarse en el medio rural y por eso nuestras clínicas y prácticas se realizan en establecimientos del interior, pero el impulso descentralizador de la Universidad obviamente nos viene muy bien. En diciembre con (Daniel) Cavestany recorrimos centros del interior y se nota un cambio muy grande. Yo lo veo en Veterinaria, pero se ve mucho más en las demás carreras que hoy ganaron presencia en el interior. Es una oportunidad desde el punto de vista de la enseñanza, ¡ni hablar también de la investigación!

Hace cuatro años había la intención de completar el dictado de la carrera en el litoral norte ...
No se completó, pero ha seguido desarrollándose. Cada vez tenemos más docentes, actividades, cursos. Además, con la creación de los Polos de Desarrollo Universitario (PDU) tenemos más docentes radicados con dedicación exclusiva e investigación. Por eso hoy la estación experimental «Mario Cassinoni» es casi un campus: es impresionante la actividad que hay, y todo eso está tomando cuerpo.

¿Está previsto revisar el plan de estudio?
Es un gran desafío. Actualmente en el pregrado los chicos tienen tres orientaciones -medicina veterinaria, producción animal, o tecnología de alimentos-, pero cualquiera sea su opción el título final es el mismo. Son situaciones que queremos empezar a resolver. Queremos apostar a que la orientación sea más bien una especialización. Nosotros tenemos posgrados académicos -maestrías y doctorados-, y especializaciones pero incipientes.

¿Qué prevé en materia de investigación?
Si queremos fomentar el desarrollo de áreas tenemos que fomentar que haya gente que se capacite, haga maestrías, posgrados, porque son los que después generan proyectos, etc. Nosotros hemos tenido ciertos desequilibrios en el desarrollo de las áreas y de la investigación en particular. Probablemente por políticas de fomento acentuadas tras la creación del Pedeciba, y las propias políticas de dedicación total de los docentes, tenemos un buen desarrollo de la investigación y grupos sobre todo en las ciencias básicas: fisiología, genética, bioquímica, inmunología y otras. Creo que nuestro gran desafío es tratar de que ese mismo crecimiento lo tengan las áreas aplicadas. En la formación integral de la carrera todas las materias son importantes, pero no podemos perder de vista las habilidades, destrezas, y conocimientos que aplican directamente. Hay que generar políticas que generen condiciones para que esto se produzca. Tenemos la experiencia del Plan Nacional de Investigación en Salud Animal (PLANISA), que involucró a todas las instituciones del sector y logró poner en común los temas más trascendentes en los que hay que poner énfasis para investigar en salud animal. Hay que mejorarlo, profundizarlo, dotarlo de más recursos. El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) creó una plataforma en salud animal en la que la Facultad interactúa y muchas veces presentamos proyectos conjuntamente, con énfasis en la formación de recursos humanos. Queremos profundizar en este tipo de camino.

¿Y la Extensión?
Tenemos un área con mucha historia también, y una secretaría del egresado, y además un vínculo fuerte con la Sociedad de Medicina Veterinaria. La Facultad tiene mucha tradición e incluso ofertas a nivel de posgrado. Uno de los objetivos de mi gestión es tratar de que la Facultad esté más cerca del medio: de los colegas, de los problemas. Vamos a impulsar todo tipo de política que ayude a estar más cerca. El objetivo es tratar de que la Facultad de Veterinaria sea un orgullo para el país, cumpliendo todas sus funciones.

¿Cuál es su estado de ánimo?
Con ganas de que la facultad crezca y cumpla un rol cada vez más importante. Percibo un apoyo muy grande de todos los actores, internos y próximos. Queremos especialmente que la imagen del médico veterinario como científico sea cada vez más valorada en la sociedad. Por su parte la mudanza de sede en el horizonte entusiasma mucho.
Publicado el miércoles 22 de febrero de 2017

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Decano de Facultad de Veterinaria, José Piaggio. Foto: Richard Paiva-UCUR. 18/01/2017. Decano de Facultad de Veterinaria, José Piaggio. Foto: Richard Paiva-UCUR. 18/01/2017. Decano de Facultad de Veterinaria, José Piaggio. Foto: Richard Paiva-UCUR. 18/01/2017. Decano de Facultad de Veterinaria, José Piaggio. Foto: Richard Paiva-UCUR. 18/01/2017. Decano de Facultad de Veterinaria, José Piaggio. Foto: Richard Paiva-UCUR. 18/01/2017.
 
 

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