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Miércoles 20 de Setiembre de 2017

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Rodrigo Arim: «Masificación es una buena noticia para el país»

Entrevista al decano de FCEA, Rodrigo Arim. Foto: Richard Paiva-UCUR. 27/08/2017 En el penúltimo año de su segundo mandato como decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA), Rodrigo Arim conversó con el Portal de la Universidad de la República (Udelar) sobre el estado de la enseñanza, los logros cumplidos, las asignaturas pendientes y por qué tras presentar renuncia el año pasado decidió permanecer en el cargo.

Arim cursó la licenciatura en Economía en la Universidad de la República (1990-2000), y tiene una maestría (2000-2002) obtenida en la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina). En el Instituto de Economía trabajó desde 1997 como investigador en el área de empleo y distribución del ingreso. Fue director de investigación del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT (2005-2006), consultor del Banco Mundial (2006-2007) y director de Políticas Sociales de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (2007-2009). Asimismo, ha sido integrante del Consejo de la FCEA como delegado del orden estudiantil (1993-1997), del orden docente (2006-2010), y como decano electo por primera vez en 2010 y reelecto en 2014.

¿Cuál es la situación de la enseñanza en la FCEA?
Los ingresos a las carreras de grado y pregrado de la Facultad se distribuyen en tres grandes bloques. Uno es la inscripción tradicional en marzo a las carreras –Contador Público, la Licenciatura en Administración, la Licenciatura en Economía, la Licenciatura en Estadística, y la Tecnicatura en Administración en Montevideo–, que es la fecha habitual de apertura en la Universidad de la República. En ese momento entran aproximadamente 3000 estudiantes. El segundo bloque importante son estudiantes que se inscriben en el interior del país, y este es uno de los cambios más relevantes que hemos tenido en los últimos años. Hace seis años prácticamente no teníamos ninguna oferta de grado ni pregrado en el interior, éramos el servicio universitario más grande en términos de cantidad de estudiantes de grado y nuestra oferta en el interior era básicamente nula. En estos momentos tenemos un ingreso repartido entre Tacuarembó, donde está la Tecnicatura en Administración y Contabilidad; Maldonado, donde está la misma oferta; Rocha; Minas; Treinta y Tres; y ciclo inicial optativo de Salto. Tenemos un ingreso que está en torno a 500 estudiantes en el Centro Universitario Regional del Este, cerca de 100 estudiantes en Tacuarembó y alrededor de 40 o 50 estudiantes en Salto. Eso da una idea de la magnitud: aproximadamente entre un 15 y 20% de los ingresos totales al comienzo del año están radicados en el interior del país. A eso hay que sumarle 500 estudiantes que entraron con las inscripciones de julio, que constituye el tercer bloque. Están ingresando entonces cerca de 4.000 estudiantes por año; hay una tendencia creciente que se está estabilizando. En el caso de julio, que es un ingreso muy importante por su magnitud, fue un cambio que realizamos porque vimos que en el marco de cursos semestrales, los estudiantes no terminaban de insertarse en la Facultad porque estaban pendientes de aprobar las previas, entonces lo más razonable era generar un nuevo período de inscripción hacia mitad del año. Eso nos da cierta flexibilidad para poder administrar los ingresos de una manera bastante más razonable.

En relación a esas cifras, ¿cuántos estudiantes se reciben por año?
El tamaño de la cohorte de quienes egresan hoy no es el mismo de quienes ingresan. Además, otro fenómeno importante en la Udelar es que la duración de las carreras tiende a ser bastante más larga de lo que está previsto en los planes de estudio. Lo que hay que tener en cuenta en ese esquema es que hay un aumento muy importante del egreso, mucho más importante que del ingreso. Entre 2002 y 2012 teníamos un egreso a nivel de grado en torno a los 500 por año. Un cambio importante que realizamos –que entiendo es uno de los principales logros de la Facultad en los últimos años– es la modificación del Plan de Estudios que lo dota de mayor flexibilidad, homogeniza los cursos combinándolos en anuales y semestrales, y otorga la posibilidad de transitar de una carrera a otra con mucha más facilidad e inclusive ingresar de otros servicios universitarios en función de los créditos. Dotamos de mucha navegabilidad al estudiante y la duración de las carreras de grado pasa a ser de cuatro años para un estudiante full time. En 2012 hubo un pico de egreso de 1.300 estudiantes que se cambiaron de Plan. Ese pico volvió a ser de 700-800 entre 2013 y 2014; en 2015 aumenta un poquito y llega a 1.000, en 2016 superó los 1.000 y este año vamos a superarlos también. A eso hay que sumarle la Tecnicatura en Administración que otorga 200 títulos por año. También ya está madura en el interior y tiene un flujo de egresos importantes, que en este momento son entre 15 y 20 por año con una tendencia creciente. El egreso es una de las cosas buenas que pasaron en la Facultad en estos años: se logró quebrar casi una década de estancamiento en el ciclo de egreso de los estudiantes. Por supuesto que hay mucho para hacer en la Universidad y en la Facultad también: la tasa de abandono sigue siendo relativamente alta y hay que buscar otro tipo de instrumentos que nos permitan combatir esa situación.

¿Qué cambios han implementado para atender la masificación en la Facultad?
La masificación a veces se utiliza como un término peyorativo, pero es una buena noticia para el país en general. No es un problema solamente de la Facultad de Ciencias Económicas, sino de la Universidad en buena parte de sus servicios. Hace referencia a una relación no adecuada entre los recursos humanos y materiales que tenemos y la cantidad de estudiantes. El país necesita generalizar las ciencias terciarias. Si uno hace cualquier comparación internacional y se fija el porcentaje de jóvenes entre los 25 y 30 años que culmina algún grado de educación terciaria o universitaria, Uruguay está atrasado con respecto a los países desarrollados, sin duda, pero también con países de nivel de desarrollo parecido. A veces es un atraso relevante. Esto va en el contexto de que si bien la masificación no es un problema desde el punto de vista cuantitativo, lo es con respecto a la organización de recursos. Entiendo que ahí hay dos dimensiones distintas: en primer lugar –y esto es inexorable– tenemos pocos recursos disponibles para la cantidad de estudiantes, las reivindicaciones presupuestales de la Universidad de la República no son negociaciones que estén hechas en el vacío, seguimos invirtiendo poco a nivel público en educación terciaria con respecto a otros países. Pero también tiene que ver con que pese a que hubo reformas importantes –uno no puede negar la mejora sistemática que hubo en el presupuesto en los últimos diez años– estamos todavía lejos de una relación razonable de recursos humanos y materiales con respecto a la cantidad de estudiantes. Dicho todo esto, no se puede hacer lo mismo con más recursos: tenemos que innovar. Ahí está la otra dimensión que tiene que ver con el requerimiento de utilizar nuevas estrategias pedagógicas, de inicio de las carreras de grado que permitan combatir la desvinculación. No es a través de la aplicación de más recursos con el mismo esquema que vamos a lograr esto, sino de intentar comprender la heterogeneidad de los estudiantes que vienen de Secundaria y tratar de generar estrategias distintas para estudiantes de contextos y backgrounds diferentes desde el punto de vista de conocimientos previos. Una respuesta que no me gusta es ubicar la responsabilidad en Secundaria, me parece una respuesta que no es intelectualmente desafiante para la Universidad de la República.

Hay que dar un uso inteligente a las tecnologías de la información. Por ejemplo, materiales y contenidos disponibles a los estudiantes en forma permanente sin tener que recurrir necesariamente a la presencia del docente, reformular el rol del docente en muchos casos, generar mecanismos en donde luego del ingreso los estudiantes se sientan más acompañados. Hay que buscar generar el conocimiento adecuado para que nuestras intervenciones en primer año, fundamentalmente, signifiquen que los estudiantes estén más acompañados por la institución, tengan disponibles materiales diversos que les permitan avanzar y generar autonomía, y que la propia institución diseñe –como lo estamos haciendo en varios servicios– procesos de aproximación a algunas áreas de conocimiento más complejas. Nosotros tenemos una experiencia linda en el área de Cálculo, donde hay dos modalidades para una materia: una modalidad anual y semestral, y una modalidad que llamamos Cálculo IA y IB que implica hacer la misma materia en dos semestres distintos para: en la primera parte mejorar las herramientas analíticas en Cálculo que tienen los estudiantes provenientes de Secundaria, de tal manera que estén en mejores condiciones de poder salvarla de una manera mucho más pausada. Es una estrategia incipiente, pero la estamos desarrollando en este momento para evitar situaciones de desvinculación temprana y entiendo que es una estrategia que deberíamos implementar en otras áreas también. Pongo como foco el primer año porque entiendo que es ahí donde tenemos el mayor problema. Una vez que el estudiante comprende a la institución, sus reglas de juego, genera autonomía (viene de Secundaria donde tiene menos autonomía porque está mucho más guiado), y logra incorporar mecanismos y estrategias de estudio que le son funcionales, es mucho menos probable que abandone o se desvincule.

¿Qué actividades de investigación desarrollan actualmente?
Intentamos generar condiciones para que aquellos que quieran desarrollar una actividad académica a tiempo completo lo puedan hacer. El número de docentes con Dedicación Total pasó de menos de cinco a más de 20. Parece muy poquito en comparación con otros servicios universitarios, pero es mucho respecto a la historia de la Facultad. Un problema que tenemos es que están muy concentrados en un área, en el Departamento de Economía, que ha comenzado a tener un nivel de producción académica muy relevante. Por otro lado, incipientemente logramos quebrar una tendencia que era la ausencia de la investigación de otras áreas de la Facultad, fundamentalmente el área de Contabilidad y Administración. A partir de eso hay que seguir creciendo, hay que ser inteligentes y buscar herramientas como puede ser el programa de la Comisión Sectorial de Investigación Científica de retorno de investigadores u otro mecanismo de vínculo con el exterior, y generar los incentivos para que los estudiantes que están egresando visualicen la carrera académica de alta dedicación a la Universidad como una carrera relevante. El modelo deseable no es tener la mayor parte de los docentes bajo el régimen de Dedicación Total, porque formar en Ciencias Económicas implica formar profesionales que tienen que tener una praxis importante vinculada a las empresas privadas, a las empresas públicas, organizaciones de distinta naturaleza. Entonces tiene que haber un balance entre docentes de este perfil y docentes que tengan un perfil más vinculado a la generación de conocimiento. En Métodos Cuantitativos tenemos una realidad un poquito distinta, donde hay un Instituto de Estadística que se dedica a la investigación, muy vinculado al tema de extensión, y la Facultad entiende que es importante avanzar en la consolidación de una línea de investigación que tenga productos académicos más claros y más persistentes en el tiempo.

¿Y de extensión?
Por un lado tenemos la Unidad de Extensión de la Facultad, que está consolidada con las fragilidades que suele tener en todos los servicios universitarios, pero es una innovación institucional relevante que administra varios proyectos y ha dado lugar a Espacios de Formación Integral, que se han integrado naturalmente en la oferta de grado e incluyen experiencias muy variadas: desde intervenciones vinculadas a la población carcelaria hasta otras asociadas a apoyar a las escuelas en su contabilidad. En medio de eso hay EFIs que están con el tema del cooperativismo, de microemprendimientos y condiciones de fragilidad o vulnerabilidad, donde los estudiantes intervienen en una experiencia de un semestre y acreditan eso como parte de su formación. La cantidad de estudiantes que pasa por este tipo de experiencias no es la mayoría, y puede que no tenga que serlo porque hay un tema de vocación. El vínculo importante que tenemos con el medio por supuesto que es a través de los convenios. La mayor parte son con el sector público y han llevado a colaborar en todo el proceso de evaluación de impacto de algunas políticas públicas. Una experiencia particularmente exitosa es la evaluación de las políticas públicas del Plan de Equidad, con productos académicos muy relevantes que han sido publicados en revistas académicas de primera calidad.

¿Cómo se relaciona la FCEA con otras áreas del conocimiento en la Udelar?
Hay varios proyectos y programas en donde operan en conjunto, algunos montados dentro del Espacio Interdisciplinario, otros en programas de vínculos entre instituciones e investigadores de larga data. Por ejemplo, tenemos un vínculo fuerte con el área de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación por parte de un grupo importante del Instituto de Economía, que es el área de investigación del Departamento de Economía de la Facultad. Se tienen vínculos fuertes también en varios proyectos vinculados al tema de la privación infantil con otras disciplinas desde la Psicología hasta la Nutrición. Además, son vínculos persistentes en el tiempo y han generado varias líneas de investigación asociadas. Por supuesto que con organizaciones sociales también hay vínculos bastante habituales. Hay algunos investigadores nuestros que trabajan con la Facultad de Odontología desde el Instituto de Estadística. Es algo que se da con cierta naturalidad dentro de los investigadores. Los dispositivos generados por la Universidad de la República para incentivar enfoques multidisciplinares han funcionado adecuadamente y han generado algunos espacios relevantes en investigación donde compartimos recursos, proyectos y resultados con investigadores provenientes de otras disciplinas bastante variadas.

¿Qué evaluación hace del funcionamiento del Plan de Estudios 2012?
Tenemos dos dimensiones distintas. En primer lugar, estos cambios en los planes de estudios son siempre complejos, y en algunos casos traumáticos. Hemos navegado ese cambio de una manera muy exitosa. Lo que sucede con el nuevo Plan de Estudios a diferencia del Plan de Estudios 90, es que requiere mucho más acompañamiento del estudiante porque le brinda más libertad, pero esa libertad no la puede administrar él solo. Requiere asesoramiento docente y crear la figura de Dirección de Carrera y Comisión de Carrera, de tal manera que el estudiante no tome decisiones sobre qué materia cursar de forma casi que aleatoria o en base a pocos elementos de información. Entonces uno de los desafíos grandes que tenemos tiene que ver con construir dispositivos de acompañamiento del estudiante, que le permitan tomar decisiones razonables e informadas respetando su libertad. Eso lo hemos logrado muy satisfactoriamente. Por supuesto que hay algunos espacios de dificultades porque tenemos más de 20.000 estudiantes activos y la forma en que nos relacionamos con ellos obviamente no es una relación uno a uno, de un docente por estudiante. Pero con esos dispositivos hoy los estudiantes tienen toda la información disponible, consultan dudas a su director de Carrera, se informan, toman decisiones, están pendientes de sus decisiones, y por supuesto que tienen elementos para quejarse y está bien que lo hagan. Pero lo cierto es que hoy la Facultad funciona sin una tensión relevante en las cuestiones del Plan de Estudios.

En 2018 finaliza su mandato ¿quedan proyectos pendientes?
Hay cosas pendientes que pensábamos que íbamos a poder hacer, pero es muy probable que no lleguemos con resultados tangibles hasta la finalización de este período que efectivamente es el año que viene. Y hay otros elementos que aparecen en la agenda que no tienen que ver tanto con temas pendientes, sino con el hecho de que aparecen preguntas nuevas. Con respecto a la primera categoría, entiendo que hay algunas áreas pendientes relevantes. La Facultad hizo un esfuerzo muy importante con apoyo externo para hacer una evaluación de todos nuestros posgrados durante 2016, realizada por docentes de universidades de primer nivel de la región y del mundo que tienen una mirada crítica y constructiva sobre nuestra oferta de posgrados. Nos obliga a repensar todo su andamiaje académico: me refiero a sus contenidos pero también a sus apoyos académicos. Requieren también tener una base de generación de conocimiento e investigación relevante, por más que sean posgrados fundamentalmente profesionales. El Consejo de Facultad está discutiendo y hay un compromiso por parte de los departamentos académicos de tener propuestas hacia fines de este año, de tal manera que puedan ser implementadas en 2019. No tengo claro si ese compromiso en términos de tiempos se va a poder lograr. Se hará en los años siguientes, pero ojalá logremos terminar en diciembre.

La segunda área tiene que ver con otras reformas que son tan relevantes como lo que mencioné antes. Nosotros venimos de una estructura académica feudalizada, fragmentada, donde básicamente había 70 cátedras y por encima de ellas estaba el decano y el Consejo de la Facultad, con mecanismos de coordinación entre ellas existentes pero informales, y con mecanismos de circulación docente de experiencias y de vida académica muy limitados. La vida académica pasaba fundamentalmente hacia el interior de las cátedras. Nosotros quebramos esa estructura de cátedras y la reconfiguramos en cuatro departamentos académicos: Departamento de Contabilidad y Tributaria, Departamento de Administración, Departamento de Economía, y Departamento de Métodos Cuantitativos. Los docentes ya no pertenecemos a una cátedra, sino que pertenecemos a un departamento académico y por tanto se nos asignan responsabilidades que tienen que ver con nuestra expertise. Entiendo que falta mucho esfuerzo institucional para construir una estructura de incentivos adecuados que asegure participación y evite estructuras jerárquicas, porque la vida universitaria si algo no puede ser es jerárquica. Quebrar esa dinámica no es sencillo por más que en los papeles ya está reconfigurado, lo cierto es que la cultura institucional todavía no se adaptó a esa realidad. No quiero hablar de fracaso, pero los avances no han sido los que me gustarían. No es sencillo administrar la tensión entre una institución masiva que tiene que ubicar muchos recursos en atender a los estudiantes que ingresan, y a su vez tiene el objetivo de producir conocimiento de alto nivel. Son objetivos que en algún sentido compiten entre sí. ¿Dónde ubicamos los recursos escasos que tiene la institución? ¿En la producción académica de alto nivel, o en atender situaciones de masificación en primer año?

El año pasado planteó la posibilidad de renunciar al decanato. ¿Qué condiciones o cambios se dieron para que decidiera quedarse?
Te agradezco la pregunta. El año pasado presenté la renuncia, que no era inmediata porque dije que en el plazo de uno o dos meses me interesaba salir del cargo y que los órdenes fueran procesando la elección de un nuevo decano. Se hablaba de una situación bastante distinta a la que se dio en mi primer período. Mi primer período como decano tuvo una cosa que entiendo muy fermental para la Facultad, cuando antes de elegirme como decano discutimos cuáles eran los objetivos, todos los colectivos participaron y se externalizaron las prioridades. Ese ambiente de discusión fue muy sano, porque generó un conjunto de compromisos de todos de avanzar en una dirección. Por ejemplo, un elemento que me tocó poner arriba de la mesa en aquel momento fue el cambio del Plan de Estudios. En 1997 la Facultad creó una Comisión para cambiar el Plan de Estudios 90, y en 2011 todavía no tenía resultados tangibles en su propuesta. Eso no es razonable en una institución universitaria. Una de las prioridades centrales que discutimos –y fui bastante claro– era lograr en dos años cambiar el Plan de Estudios, o sea discutir un año en profundidad con solvencia y con dedicación de todos los órdenes un cambio del Plan de Estudios, aprobarlo en un año y tener un plan nuevo en 2012. Entré a mitad de 2010 y 2012 fue el año en que la Facultad –no el decano– había asumido el compromiso en base a la propuesta que me tocó realizar. Cumplimos con esa promesa. Como logramos también diseñar un Plan de Estudios nuevo para el interior, porque no podía ser que la Facultad no tuviera ninguna oferta de grado en el país. En un año desarrollamos dos estrategias muy relevantes: descentralizamos y transformamos la oferta de grado. El tercero –que también fue una propuesta que puse sobre la mesa en el momento de la elección del decano– era departamentalizar la Facultad, quebrar esa lógica de fragmentación institucional que presupone cierto nivel de feudalismo. Los tres procesos fueron aprobados en ese momento, más algunas otras transformaciones importantes como poner un límite de edad a la carrera docente.

En el segundo período pasó algo muy distinto, fundamentalmente con el orden docente. Planteé que estaba dispuesto a ser reelecto como decano bajo algunos supuestos. El primero era reestructurar la oferta de posgrados, porque eran elementos que estaban por fuera de la institucionalidad. Había que hacer análisis externos que nos permitieran contar con elementos para su transformación y tener el compromiso de hacerlo a la brevedad. Otro supuesto era cambiar la estructura de remuneraciones docentes, tema muy problemático porque teníamos una estructura docente que se había configurado sin decisiones explícitas del Consejo por casi 20 años, que generaba niveles de ingreso para los parámetros universitarios muy elevados. No había ningún marco normativo que organizara la estructura de remuneración de la Facultad, eran decisiones que se iban tomando en forma aislada y que fueron configurando una morfología bastante difícil de racionalizar. Esto es obvio que genera tensiones y hay que resolverlo. Hay que tener una política unificada, coherente y consistente con los objetivos a largo plazo de la Facultad y que además implique que docentes con responsabilidades similares perciban también remuneraciones similares en función de que tengan el mismo grado. Entonces, al comienzo de mi segundo período, presenté los dos grandes planes a discutir, más un cambio en la estructura docente. El Consejo en ese momento, sobre todo el orden docente, solicitó que se juzguen en Comisión lo cual es válido, pero estuvo dos años, entonces mi lectura en general era que no había voluntad política –válida, legítima, en eso consiste la democracia universitaria– de avanzar en esa dirección. Más un conjunto de sucesos que son más puntuales, que tienen que ver con lo que entiendo que no es pertinente, por ejemplo, docentes que desde el Consejo intervienen y toman decisiones en aspectos donde se está cuestionando su accionar o en comisiones asesoras para aprobar cargos, entonces no se retiran de sala como corresponde. El elemento central fue que había un bloqueo programático y no logramos avanzar en dos años lo que habíamos avanzado en tres o cuatro. Presenté mi renuncia básicamente por esto: entiendo que tengo el derecho de decir que fui electo decano porque todos los colectivos que me apoyaron habían decidido apoyar este tipo de avances.

¿Y qué pasó entonces?
Creo que hay una reacción muy sana de los órdenes. Puede ser difícil de creer que yo no preveía que sucediera. Fue una decisión muy sana de aceptar que había un bloqueo político institucional vinculado a avanzar en algunos ejes programáticos, y que era importante que terminara mi mandato –hubo una expresión clara de todos los órdenes al respecto–. Para eso habilitan un compromiso de resolver algunos tópicos en tiempos acordados, en particular la estructura de remuneración. Estuve de acuerdo en seguir hasta que aprobáramos un documento de estructura de remuneraciones docentes Entendí que posiblemente en ese momento sería razonable que renuncie porque eso también genera ciertas tensiones y no es fácil administrar la vida institucional en una situación de cierta conflictividad, pero se vería llegado el momento. Pusimos un nuevo plazo para diciembre y nos comprometimos todos. Lo cierto es que el 22 de diciembre del año pasado el Consejo de Facultad Extraordinario aprobó por unanimidad este documento. Hoy tenemos un documento aprobado con una pauta de remuneración docente que es muy claro con respecto al nivel de remuneraciones asociadas a cada función, con un criterio sano de austeridad universitaria, a la rotación en las funciones y se generan criterios de permanencia en el cargo por ciertos períodos, mecanismos de apertura a la provisión de esas funciones, también pautas claras de lo que pretende la institución con respecto a las distintas cargas horarias que tiene un docente en función de sus grados y de sus funciones. Tenemos un documento que nos ordena y crea criterios transparentes y objetivos para todos. Esa fue la discusión que se dio el año pasado y lo que termina emergiendo, que hace que permanezca en el cargo. Es esto más un compromiso de que este año se discuta el sistema de posgrados. Ahí soy un poquito más escéptico: es probable que no dé el tiempo, pero tampoco es razonable pedir que se cumplan todas las etapas previstas en tiempos acotados.

¿Cuáles son sus planes para cuando finalice el mandato?
Volver a mi escritorio en el Instituto de Economía. Espero que mis compañeros –que han cambiado, por suerte, porque hay mujeres y muchos más jóvenes– tengan la bondad de hacerme un lugar para volver a la investigación.
Publicado el martes 5 de setiembre de 2017

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Entrevista al decano de FCEA, Rodrigo Arim. Foto: Richard Paiva-UCUR. 27/08/2017
 
 

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