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Martes 21 de Noviembre de 2017

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Mario Barité: en Uruguay hay muchos problemas por resolver

Mario Barité en lanzamiento del Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos (17/08/2017). Foto: Richard Paiva-UCUR. El prorrector de Extensión y Relaciones con el Medio de la Universidad de la República (Udelar), Mario Barité, opinó que para hacer extensión universitaria se debe «apostar a la creatividad». Antes que delimitar el concepto, prefiere «ser comprensivo de todo lo que las disciplinas entienden que es extensión», dijo en entrevista con el Portal de la Udelar.

El ex director de la Escuela Universitaria de Bibliotecología y Ciencias Afines y también del Instituto de Información de la Facultad de Información y Comunicación (FIC), será prorrector hasta comienzos de 2019. Fue electo para el cargo en agosto de este año, tras la renuncia de Hugo Rodríguez. Desde esa posición coordina las actividades de la Comisión Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio y el Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio (SCEAM).

Barité se graduó como escribano público y licenciado en Bibliotecología en la Udelar, y obtuvo un doctorado en Información Científica en la Universidad de Granada. En la FIC es responsable del grupo de investigación Terminología y Organización del Conocimiento. «Por suerte las reglamentaciones universitarias permiten que nos quedemos con un pie en nuestras facultades», comentó: «tengo un grupo de investigación con muchos compañeros ya hace varios años, que necesita continuidad, se me hace muy difícil evadir esa responsabilidad, y la quiero asumir».

¿Qué planes espera concretar en este periodo?
Tomo la responsabilidad de un período muy breve que quizás no llegue al año y medio, y eso determina qué estoy en condiciones de proponer y proyectar. Básicamente estoy proyectando el año 2018, tratando de asegurar la continuidad de cosas que se vienen dando y también de facilitarle el escenario a quien asuma el prorrectorado en el futuro. Trato de no llevarlo como una cuestión de trámite, sino generando cosas nuevas, intentando potenciar todo lo que hay aquí, acompañar el trabajo de las áreas y de ser posible generar mayores vínculos entre ellas, tratando de generar acciones que sean visibles e importantes para la Universidad, en Montevideo y en el interior, porque la extensión, como la Universidad, no es solo montevideana. Algo que estaba planteado en el plan de trabajo que presenté, es la necesidad de organizar unas jornadas o congreso nacional de extensión para el año que viene. Ya tenemos fecha provisoria: sería para noviembre. Estamos apuntando todas las baterías sobre ese evento, y también planificando actividades preparatorias, que serían en dos o tres momentos previos en el año, para ir facilitando el tránsito de algunas ideas que queremos que se discutan en las jornadas. Otro de los planes tiene que ver con una mayor preocupación por la comunicación de lo que se hace desde la extensión. Iniciamos los trámites para la provisión de un cargo de especialista en comunicación, porque nos parece tan importante lo que se hace como difundir lo que se hace.

¿Quiénes participarán en las jornadas?
Queremos hacer un encuentro abierto a todos los universitarios, ni que hablar también a todas las organizaciones de cualquier tipo que trabajan con la Universidad de distintas formas. Las actividades de extensión se realizan en muy diversos lugares, trabajando con la sociedad no solamente en zonas carenciadas, también en escuelas, liceos, o vinculada con determinados grupos sociales, con los que antes se llamaban minorías o con personas privadas de libertad. Tenemos claro que el espectro es muy amplio y no queremos dejar a nadie afuera. Nos parece que también tienen que opinar y expresarse en esas jornadas al igual que los universitarios. En breve divulgaremos una convocatoria a trabajos, y también habrá invitados del exterior, eso es una premisa básica. Como universidad tenemos responsabilidades por ejemplo frente a la AUGM [Asociación de Universidades Grupo Montevideo]. Lamentablemente el momento en que se realizó el III Congreso de Extensión Universitaria de AUGM coincidió con mi nombramiento y no pude participar, pero ya estamos planificando nuestro año de trabajo en la asociación, identificando todos los ámbitos en donde la Universidad desde la extensión tiene algo para decir. Lo consideramos un espacio privilegiado para poder trabajar a nivel regional.

¿De qué forma interactúan la investigación, la enseñanza y la extensión?
Creo en primer lugar que el enriquecimiento entre las tres funciones debe ser recíproco. Respecto a la investigación hay un debate muy fuerte: hay quienes dicen que en realidad la extensión debería contribuir y quizás definir las agendas de investigación. Hay quienes piensan todo lo contrario, que en general podría ser una actividad de sustento o de complemento de la investigación. Yo no estoy en ninguna de las dos posiciones, creo que la extensión es una función universitaria que tiene su propio peso específico y que puede interactuar con la investigación y con la enseñanza de muchas maneras. Acá hay que apostar a la creatividad y no tanto a modelos de acción demasiado encuadrados en una concepción de ideas previas. Prefiero verla de una manera mucho más libre —lo digo en mi plan de trabajo—, creo que la extensión se expresa de formas muy diferentes en las disciplinas, no es lo mismo para los nutricionistas que para los químicos, los sociólogos o antropólogos. Tenemos que ir hacia un concepto amplio, hay prácticas que se vienen dando a lo largo de la historia de cada disciplina y lo primero que tenemos que hacer es aceptarlas y reconocer lo que las disciplinas reconocen como extensión. Después, ante esa realidad que es muy diversa, ver cómo podemos conceptualizarla. Pero eso no siempre es sencillo, sobre todo porque se discute mucho si la extensión va por un lado y la asistencia por otro, o si la divulgación cultural o científica tienen que ver con la extensión. En realidad, pienso que si hay universitarios para los cuales la divulgación científica es una forma de extensión, yo no soy quién para decirles lo contrario. No solamente estoy dispuesto a aceptarlo sino también a integrarlo con otras visiones y tratar de que el término sea abarcativo de todas ellas. A veces se habla con cierto desdén de la asistencia, y en realidad la asistencia en la Universidad es muy importante, para mucha gente. El Hospital de Clínicas es la expresión típica de esa asistencia, ¿quién puede menospreciar el peso que el hospital tiene en la salud de la población? Por eso trato de no partir de un sistema de ideas previo, más allá de que lo tengo, sino de ser comprensivo de todo lo que las disciplinas entienden que es extensión.

La Ordenanza de Grado vigente desde 2011 promueve la integralidad de las funciones universitarias, ¿hay más integralidad ahora?
Se han dado experiencias diferentes. Si analizamos sumariamente la de los Espacios de Formación Integral, hay algunos en los que las funciones universitarias claramente se integran y otras que en la práctica no logran establecer una vinculación, y a veces ni siquiera es necesario. Creo que el concepto de integralidad quizás también deba ser discutido en algún momento, a partir de lo que se ha construido en estos años. Hasta 2010 fui coordinador de una de las áreas del SCEAM y participé en la redacción de un primer documento sobre la idea de integralidad, junto con universitarios muy diversos, de la enfermería, la antropología, las bellas artes, la medicina, entre otros. Estuve en esa discusión desde el principio, y pienso que por supuesto es una aspiración necesaria, pero sobre todo es necesaria cuando lo que se proponga en términos de integralidad sea socialmente útil. No valoro tanto si una actividad es integral o es extensionista, sino que sea socialmente útil.

¿Se puede avanzar en la evaluación de las actividades de extensión?
Sí, una de las ideas que tenemos en borrador es tratar de acentuar el proceso de curricularización de la extensión. A mi entender hay una fase que cerró, de manera que hay una buena base para su reconocimiento formal a nivel curricular, que se dio paulatinamente y casi en silencio en los últimos años. Coincide con el hecho de que se han ido modificando muchos planes de estudio, por una acción prioritaria de la Comisión Sectorial de Enseñanza (CSE). En la mayoría de los planes hay referencias concretas a las actividades de extensión, incluso hay espacio para que se acrediten a través de asignaturas optativas o electivas. Eso es muy importante, de hecho, la propia CSE está observando que el mayor cambio respecto a la situación anterior es justamente la visibilidad que ha adquirido la extensión en los nuevos planes.
Creemos que quizás sea momento de pasar a una segunda etapa menos formal, de más sustancia, que tenga que ver con la calidad de esos procesos de acreditación. Con los nuevos planes las bedelías están enfrentadas a un cambio muy grande: son muy flexibles; las electivas necesitan una reglamentación que habilite al reconocimiento y los procedimientos no siempre están definidos. A veces los estudiantes intentan acreditar una actividad y tienen que pasar por una comisión que estudie cada caso y les dé valor curricular. Queremos avanzar un poco en la desburocratización de ese proceso, con aquellas formaciones en extensión que son más o menos regulares, que se han dado consistentemente y que por supuesto tengan valor en sí mismas, a través de algún sistema de evaluación muy calificado. Hay actividades que tienen unos cuantos años, impulsadas tanto desde el SCEAM como por las facultades o los programas integrales, como el Apex [Aprendizaje en Extensión] y el PIM [Programa Integral Metropolitano]. La idea es reconocer lo que existe, evaluar su calidad y ofrecerlo a la Universidad para reconocimiento curricular. Para nosotros esto es muy importante y nos permite trabajar más cercanamente con la CSE, de una manera integrada y coordinada. Es una meta linda que queremos desarrollar a lo largo de 2018, que ayudaría a los estudiantes, a los gestores, a las comisiones de carrera, a las bedelías, y por supuesto a la visibilidad de la extensión, que es donde queremos hacer énfasis.

¿Con qué estructura funciona el SCEAM?
Tenemos una Unidad Académica con cuatro áreas, donde se distribuyen 28 docentes. Una es la de Promoción de la Extensión y las Actividades en el Medio, que realiza llamados, se encarga de la sistematización de las actividades, de generar memorandos, informes técnicos y documentos de trabajo. También tenemos las áreas Sector Productivo y Organizaciones Sociales y Sector Cooperativo y Economía Social y Solidaria. Todo el trabajo con el sector cooperativo es muy dinámico y ya tiene muchos años. Se trata de un tema muy importante a nivel nacional y también regional, como alternativa a los modelos económicos imperantes. Además tenemos el área más nueva de Derechos Humanos, que es una apuesta de la Universidad para poner un énfasis más fuerte en esta temática. Es un área que se expresa de muchas maneras en la sociedad, y que es importante para la actividad universitaria porque hay miles de propuestas, proyectos, acciones, grupos interdisciplinarios, que tienen relación directa o indirecta con los derechos humanos en sentido amplio. El tema está instalado en los gobiernos, a nivel de ONG y organizaciones sociales, tiene visibilidad a nivel regional. Es un área muy dinámica donde nunca falta trabajo académico, y donde además es necesario.

¿Todos los servicios tienen unidades de extensión?
Ahora todos. En 2007 y 2008 solamente cuatro servicios las tenían y se desarrolló un programa para que cada facultad tuviera su propia unidad. A través de ese apoyo y en un proceso siempre continuo se crearon unidades de extensión (UE) en todas las facultades y centros del interior. A través de la Red de Extensión, que se reúne periódicamente desde hace diez años, las unidades articulan muchas actividades y debates. A diciembre de 2016, los docentes de todas las UE sumaban 81.

¿Cómo se vincula el SCEAM con las UE?
En los servicios las UE tienen las mismas dificultades que tienen todas las unidades transversales dentro de los servicios: pueden terminar un poco aisladas, compartimentadas, porque les cuesta integrarse a la dinámica general de las facultades, que va por otros lados. Además, no siempre logran ser un enlace entre el SCEAM y las autoridades de cada facultad, depende de la mayor o menor sensibilidad que las autoridades de turno tengan respecto a la extensión. También es cierto que, por los recursos de los que disponemos, todavía no son académicamente fuertes. En general en las UE encontramos docentes grado 1 y 2, a veces grado 3, y son todavía pequeñas, aunque algunas facultades han trabajado muchísimo para que tengan mejores condiciones. Creo que quizás también haya que evaluar toda esta experiencia de las UE y su impacto dentro de los servicios, que para eso fueron creadas. Si tenemos éxito en este intento que vamos a hacer por una mayor curricularización de la extensión, será en la medida en que podamos comprometer el trabajo de las UE. Son el nexo que tenemos para comunicarnos con las comisiones o los referentes de las carreras en cada facultad. De hecho el reconocimiento curricular que la extensión ha logrado hasta ahora se dio en muchos casos gracias a la participación de las UE en el proceso.

¿Hay una demanda real de la sociedad para las actividades de extensión y relacionamiento con el medio?
Creo que existe una demanda muy grande. Es muy desigual, por ejemplo el sector cooperativo tiene siempre un nivel de demanda alto. Con cierta frecuencia ocurre que alguna empresa cierra y los trabajadores pretenden cooperativizarse, buscar su propio destino laboral y autogestionarse, esa es una demanda habitual. Otras no vienen tan claras ni tan articuladas, pero nosotros contribuimos a darles forma y alguna respuesta. Las demandas no las recibe solamente el SCEAM, sino toda la Universidad. En general todo el mundo sabe que la Universidad provee cerca del 80% de la investigación en Uruguay, que aquí hay recursos calificados a los que siempre apelan los organismos públicos para realizar diagnósticos y resolver problemas a través de distintos convenios.
En nuestro caso hay una tradición de muchas décadas de trabajo con la comunidad, tiene que ver con cuestiones que pueden ser puramente lúdicas hasta con talleres que tratan alguna problemática importante para la gente o para determinados grupos sociales, o con las necesidades de los barrios para desarrollar huertas orgánicas, para contar con bibliotecas, el abanico es muy amplio. Es una demanda que muchas veces recala en la Universidad porque se la reconoce como un actor que puede aportar, y también porque en realidad en Uruguay hay muchos problemas por resolver. A veces se dice que el Estado no da respuestas a muchos problemas, y bueno, la Universidad también es el Estado, forma parte. Nosotros creemos que tanto desde la Universidad en general como del SCEAM se hace mucho por responder a esas demandas, por lo menos siempre estamos con los oídos bien abiertos para escuchar, y por supuesto con la mejor disposición para colaborar desde las prácticas y metodologías extensionistas en la resolución de problemas.
Una cuestión que está por resolver es la sustentabilidad de las acciones que la Universidad emprende, porque en muchos lugares se quejan diciendo que «la Universidad desaparece de diciembre a marzo». Es un punto que tratamos de resolver. Por ejemplo vamos a intentar darle continuidad a todas las acciones de extensión que se hacen vinculadas con personas privadas de libertad, incluyendo el periodo que va de diciembre a marzo. A veces se generan problemas de comunicación sobre hasta dónde en la Universidad podemos sostener nuestras acciones con los recursos disponibles, que siempre son finitos, y lo digo en los dos sentidos de la palabra.

¿Cómo se desarrolla la extensión en el interior?
La Universidad ha crecido enormemente en el interior, sobre todo en lo que tiene que ver con enseñanza, pero también en investigación y extensión. Ya había algunas UE desde hace unos cuantos años con distintas experiencias, algunas se han mantenido y otras se han discontinuado. Estoy iniciando un recorrido por el interior para hacerme una idea del estado de situación y para ver de qué manera podemos articular acciones integradoras. Preferimos no establecer una frontera entre Montevideo e interior, sino ver siempre con la perspectiva de país y superar los obstáculos de la distancia. También es cierto que hay necesidades locales, problemas locales. La Universidad tiene que empezar a absorber esa demanda, es un espacio a construir con la misma intensidad con que la institución se está construyendo rápidamente en el interior en todos los sentidos, con las complejidades que tiene ese desarrollo. Uno va descubriendo a lo largo de los años que en términos internacionales esta es una universidad grande para un país pequeño, y eso también explica por qué tantas veces vienen a golpear nuestra puerta y por qué también se le cobran cuentas a la Universidad. Tenemos esa situación y esa responsabilidad.
Publicado el martes 31 de octubre de 2017

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