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Viernes 19 de Enero de 2018

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Homenajes «son gratos, pero dejan sensación de que anuncian la decrepitud de nuestras vidas»

Profesor Julio Ángel Fernández (foto tomada el 15 de diciembre de 2017 en el patio del Edificio Central de la Universidad de la República).El astrónomo y profesor de la Facultad de Ciencias, Julio Ángel Fernández, recibirá este año el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República (Udelar). Recientemente se ha incorporado a la National Academy of Sciences (NAS) de los Estados Unidos como miembro extranjero asociado. Ex decano de la Facultad de Ciencias (2005-2010), e impulsor en 2006 junto a Gonzalo Tancredi de una nueva definición de planeta en el ámbito de la Unión Astronómica Internacional (UAI), cree que estos últimos hechos fueron «azares» de la vida. «Lo digo con toda franqueza: me cayeron de sorpresa».

Nació en 1946 y cursó la Licenciatura en Astronomía en la Universidad de la República entre 1966 y 1974. Siendo estudiante ingresó por concurso de oposición libre en Enseñanza Secundaria como profesor efectivo de Astronomía.

Fernández es reconocido internacionalmente por sus investigaciones sobre los cometas. Uno de sus estudios más importantes, de 1980, sugiere la existencia de un cinturón de cometas ubicado más allá de la órbita de Neptuno, fuente de los cometas periódicos observados. La hipótesis fue comprobada muchos años después, cuando efectivamente se detectó su presencia. Integra el Sistema Nacional de Investigadores en el nivel III y es autor de decenas de publicaciones ampliamente citadas en la literatura internacional. Actualmente su trabajo está orientado hacia el estudio de la formación del sistema solar y la evolución física y dinámica de los cometas.

Además, ha integrado varias comisiones de la Unión Astronómica Internacional (UAI) que en 1996, en su honor, bautizó el asteroide 5996 con el nombre de Julioangel. Siempre modesto, aguarda sin estridencias la llegada del reconocimiento universitario, disfrutando la cercanía del rector Roberto Markarian y del anterior, Rodrigo Arocena, a quienes conoció en 1965 en la Facultad de Ingeniería.

- ¿Dónde nació?
- En Montevideo, en la Aguada, que entonces era un barrio obrero con características similares a La Teja o al Cerro. Lo distintivo eran las barracas de lana y la cervecería de la calle Francisco Acuña de Figueroa. Fui a la escuela N° 133 en Asunción y Piedra Alta. Tengo buenos recuerdos porque en los años de 1950, en el neobatllismo, se vivía sin lujos pero relativamente bien. Éramos cuatro hermanos –ahora solo quedamos dos-, y mis padres eran portugueses.

- ¿Se conocieron allá o acá?
- Acá. Venían del norte de Portugal de familias campesinas. Mi padre llegó con 17 años y contaba que vivían de lo que cultivaban en una pequeña chacra. También producían jamones, pan, etc. Tanto mi padre como mi madre tenían muchos hermanos y casi todos vinieron para Uruguay.

- ¿Cuándo apareció su interés por la astronomía?
- Por 1958 descubrí en la escuela un libro de Arthur Clarke, Islas en el cielo, y lo pedí prestado para llevar a casa. Contaba la historia de un niño que visitaba una estación espacial. Además, la empresa de chocolatines Águila dedicó un álbum de figuritas a la conquista del espacio. Yo casi lo completé, pero faltaron las más difíciles. El fin de la escuela coincidió con el comienzo de la era espacial. Había mucho interés a nivel popular, mucho más que ahora que la gente está tan saturada de noticias que le importa poco.

- ¿Y dónde se estudiaba astronomía en esos años?
- La astronomía era mi aspiración última, pero me gustaba la ciencia y había que buscar algo en el ámbito científico. Cuando cursé preparatorios en el IAVA lo hice en la opción «Ingeniería», así que en 1965 ingresé a la Facultad de Ingeniería. Luego me enteré que había licenciaturas en la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHC), entre ellas la de Astronomía, y en 1966 la comencé surgiendo al poco tiempo la posibilidad de una pasantía de investigación. El cosmos es de las cosas que más interesa y fascina a la gente. Una de las ramas es la cosmología –el cosmos en gran escala, el Big Bang, cómo empezó todo-, y la otra, la existencia de vida fuera de la Tierra, que está relacionada con los planetas y su habitabilidad. Desde estudiante fui enfocándome en el sistema planetario. De hecho, la tesina de mi licenciatura trata sobre la teoría de formación de sistemas planetarios, y ese es el germen de toda mi carrera.

- A la altura del golpe de Estado de 1973 usted era consejero por el orden estudiantil.
- La militancia empezó de forma natural. Siempre tuve mucha curiosidad adentro y afuera de la Universidad, pero fue en ella que me formé políticamente. Hay militantes de estirpe familiar pero no fue mi caso porque ni mis padres ni mis hermanos conocían ni hablaban de política.

- ¿Se involucró en alguna organización o partido?
- No, siempre fui un libre pensador y cada vez estoy más contento de ser así. Sin ser muy político siempre advertí las posiciones radicales, ortodoxas o dogmáticas de partidos que eran como religiones. Si bien cuando se creó el Frente Amplio lo voté, nunca estuve vinculado políticamente con ningún grupo.

- ¿Y cómo le afectó el golpe de Estado en lo personal?
- Tras la intervención de la Universidad me quedó la tesis de licenciatura colgada y tuve que esperar casi un año para rendirla. En la Udelar el ambiente era muy malo porque fue perdiendo a casi toda la gente. A mí me cesaron en 1976 pero seguí dando clases en Secundaria.

- ¿Y después?
- Empecé a hacer viajes cortos, a La Plata por ejemplo, pero todo muy a pulmón hasta que en 1979 conseguí una beca de cooperación iberoamericana que por suerte no requería aval oficial. Era poca plata pero me dio la oportunidad de permanecer un año en el Observatorio Astronómico de Madrid. Luego mejoré porque conseguí una oferta del Instituto Max Planck de Aeronomía en Alemania, y eso fue un salto grande en calidad y en cantidad. Después, entre 1984 y 1986 fui profesor visitante en la Universidad Federal de Rio de Janeiro (Brasil). En Alemania estaba muy lejos de Uruguay, me enteraba poco de las noticias, en cambio en Río de Janeiro había una comunidad importante de exiliados. Siempre nos reuníamos y discutíamos sobre lo que estaba pasando en el país y sobre nuestras perspectivas de retorno.

- Al regresar le tocó reconstruir el Departamento de Astronomía, y más tarde ser decano de la Facultad de Ciencias (FCien).
- Son los azares de la vida. Comencé integrando el claustro de la FCien, fui su presidente, y en 1999 me incorporé al consejo en representación del orden docente, pero la verdad que nunca había pensado en ser decano. Es más: no me gusta la burocracia que conlleva el cargo, el papeleo, la discusión. Pero qué pasó: en enero de 2005, siendo el consejero grado 5 más antiguo de la FCien, me enteré por la prensa que el entonces decano Ricardo Ehrlich había aceptado ser candidato a la Intendencia de Montevideo por el Frente Amplio. Luego Ehrlich renunció al decanato y yo quedé investido como decano interino. ¡Así nomás, sin haber pensado nada, en medio de un mes de enero! Y bueno, después que estaba en el baile seguí bailando: completé su mandato, me postulé al siguiente período, y lo gané en competencia con los profesores Walter Ferrer y Ruben Budelli.

- ¿Y cómo lo vivió, tratándose de alguien a quien no le gustan la burocracia ni la negociación?
- Apreté los dientes (risas). En la Universidad es difícil mover mucho algo, pero traté de hacer algunas cosas que me parecían importantes. Durante mi gestión se creó el Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales. También impulsé la creación de un museo nacional de ciencia y tecnología que creo es un gran debe que tiene el país. El proyecto fue apoyado por la Udelar y la Comisión de Ciencia y Tecnología del Parlamento, pero después quedó todo en la nada. Ha estado dando vueltas por ahí con otros nombres, pero creo que a esta altura murió.

- En 2006 en Praga, a su impulso la Unión Astronómica Internacional aprobó una nueva presentación del Sistema Solar, y creó la categoría de planeta enano para Plutón y otros cuerpos similares. ¿Cómo fue?
- Fue una cuestión de gestión científica, porque no trabajamos una nueva teoría para esa definición. Lo digo con toda franqueza: igual que el tema del decanato que me cayó de sorpresa, esto fue lo mismo para mí y para el colega Gonzalo Tancredi que estaba conmigo. No sabíamos que el tema estaría sobre la mesa de modo que tuvimos que actuar con celeridad. La propuesta para que Plutón siguiera siendo mantenido como planeta era defendida por grupos de científicos norteamericanos vinculados a la misión New Horizons, que un año antes había enviado una sonda a Plutón promocionada como una visita al último planeta del sistema solar. Parecía muy forzada y no nos convencía.

- ¿Cuál fue la estrategia?
- La Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI) sesiona cada tres años en distintas sedes con alrededor de 2000 participantes. No todo el mundo está comprometido con los mismos temas, de modo que la comunidad interesada en la definición de planetas estaba compuesta por una pequeña fracción, de los cuales solo nos reuníamos unos diez o 15. Durante dos o tres días hubo que elaborar una definición alternativa, porque no se trata solo de oponerse, había que ser también propositivo. Era necesario además mantener un grupo de trabajo hasta la asamblea resolutiva final. Lamentablemente algunos colegas nos decían que podían participar en el momento, pero se tenían que ir antes y no podían asistir a la asamblea final. Al principio fue todo cuesta arriba: el comité ejecutivo de la UAI alegó que ya tenían la definición preparada (que incluía a Plutón como planeta) y no podían dar marcha atrás, pero como insistimos y vieron que había realmente un número importante de colegas que planteaba considerar otra definición alternativa, al final la aceptaron para llevarla a la asamblea de clausura como moción alternativa. Nuestra propuesta ganó por un amplio margen: dos tercios de votos.

- Siempre hay que tener planes en el horizonte ¿cuál es el suyo?
- Por la edad los planes a futuro son limitados, pero a mí me gusta la investigación y continúo vinculado al Sistema Nacional de Investigadores. En la Universidad quizás en poco tiempo tenga que jubilarme, hay un tema de edad, pero seguiré como profesor honorario. Mantengo mi categoría tanto en el PEDECIBA como en el SNI. Pienso seguir trabajando en los temas astronómicos en que estoy y, de ser posible, hacer algo en historia de la ciencia que me interesa mucho.

- Usted tuvo un vínculo fuerte, y creo que lo tiene todavía con el PEDECIBA ¿no?
- Soy investigador y he actuado en distintas instancias desde su creación. Estuve en el Consejo Científico e integré su Comisión de Posgrados del área de Física.

- Según Eduardo Janot, presidente de la recientemente creada Sociedad Brasileña de Astrobiología (SAB), «la Tierra no tiene nada de especial para que sea el único planeta del universo a tener vida». Inspirado en la misión Cassini que hasta setiembre exploró Saturno, sus anillos y lunas, Janot explicó a la revista Veja en diciembre que no se refiere a «hombrecitos verdes, pero la mezcla de hidrógeno y carbono es tan buena que es posible que exista alguna forma de vida allí». ¿Usted qué opina?
- Creo que hay que tener una posición más cauta. Uno puede decir desde el punto de vista filosófico que la vida puede surgir de muchas otras partes, simplemente porque es cierto que se están descubriendo muchos planetas y algunos parecen ser similares a la Tierra. Lo cierto es que la vida todavía no se ha podido crear en un laboratorio, entonces no sabemos bien en qué condiciones se puede crear vida y cómo. Eso plantea en primera instancia una duda: ¿Qué pasa si la vida es algo excepcional de acá o por algún motivo se dio en este lugar pero no puede ser en otro?

- ¿Es una hipótesis?
- Claro. En este momento, es muy difícil decir qué va a pasar y si nosotros algún día lo podremos saber. Si no encontramos vida extraterrestre siempre vamos a seguir con la duda de si habrá o no habrá. Si aparece vida, ahí sí vamos a tener respuestas. No será fácil, porque lo ideal sería que apareciera vida en otro lugar del sistema solar que es el espacio más accesible que puede estudiarse in situ. En planetas alrededor de otras estrellas solo podremos detectarla remotamente y muy difícilmente -al menos con la tecnología actual- tendremos 100% de certeza de que lo que encontramos sea vida.

- ¿Qué le provoca la designación del asteroide 5996 con su nombre?
- A los que trabajamos en la comunidad astronómica, los propios colegas nos honran de esta forma. La mayoría de los científicos planetarios tenemos nombres de asteroides. Es algo que hacemos y me parece simpático. El 5996 no pasa cerca de la Tierra sino más lejos, entre las distancias de Marte y Júpiter, es un asteroide más entre los cientos de miles detectados.

- ¿Qué piensa de los homenajes? Pronto tendrá otro de parte de la Universidad
- Estos homenajes nos llegan con sentimientos encontrados: por un lado indudablemente son muy gratos, pero nos dejan la sensación de que anuncian la decrepitud de nuestras vidas. Pero por supuesto, es muy reconfortante que se reconozca el trabajo de toda una vida y se lo agradezco a la Universidad.

- ¿Tiene familia?
- Soy soltero. No se dio porque la época de formarla coincidió con la cuerda floja de la dictadura y en ese período viajé bastante. Fue demasiada inestabilidad en aquellos años como para pensar en formar una familia. Yo quería estar con las manos libres para no comprometerme en un momento en que podía quedar en la calle. Mi familia está compuesta por un hermano mayor, toldero jubilado pero que aún sigue haciendo cosas, sobrinos y sobrinos-nietos.

- ¿A qué dedica su tiempo libre?
- Tengo muchas aficiones. Por ejemplo, me gusta practicar deportes y hacer ejercicio, algo que me ha hecho muy bien. Creo que además de cultivar la mente uno tiene que cultivar el físico medianamente, porque si no los años empiezan a pesar. Hago natación, gimnasia, y juego al voleibol. Y a veces también agarro mi bicicleta y me voy a la rambla a andar, o me voy por distintos lugares. Me gusta estar al aire libre. Por supuesto que estuve en la bicicleteada que organizó la Facultad de Ciencias por sus 25 años y salió de la explanada de la Universidad.

- ¿Y cuando está en casa?
- Leo. Me interesan temas de la historia nacional ahora de viejo, y he leído algunos libros sobre la vida de Artigas bajándolo del bronce en que lo teníamos desde la escuela. He vuelto a algunos clásicos, como el Ariel de Rodó que cuando lo estudié en el liceo no había entendido nada. Además, me gusta la música nacional. Por supuesto los grandes como Viglietti, Zitarrosa, Los Olimareños, pero también algo de rock o los Beatles, algo de jazz, Leonard Cohen. Empecé a apreciar más el tango. Hay tangos realmente lindos. Cuando uno presta atención a las letras son lindas, casi poéticas.

- ¿Qué ve en televisión?
- Poca cosa, alguna película o documental, noticias de vez en cuando y sobre todo fútbol porque me gusta. Jugaba al fútbol de salón, pero ya es demasiado fuerte para mí, no puedo con esa carga.

- Que le guste el aire libre ¿incluye el campo?
- El campo también. En realidad, una vez cada tanto salimos con un grupo de gente y hacemos lo que ahora se llama trekking: caminatas por lugares y campamentos. Vamos a lugares preciosos: Valle del Lunarejo, la Quebrada de los Cuervos. Realmente recorremos unos paisajes notables.

- ¿El vínculo de ese grupo es la Udelar?
- No, es un grupo de gente con intereses en la naturaleza y culturales. Hay gente de distintos lugares, lo cual es bueno porque no somos todos iguales y el grupo se enriquece.
Publicado el jueves 11 de enero de 2018

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