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Domingo 15 de Diciembre de 2019

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Ida Holz: en Uruguay «todavía cuestan mucho los cambios»

Ida Holz. Foto: Richard Paiva-UCUR. 12/12/2017«Pionera», «visionaria» o «la madre de Internet», son los calificativos que describen a Ida Holz con más frecuencia. Luego de dedicar muchísimos años a innovar para establecer más y mejores conexiones a través de sistemas informáticos, hoy opina que «Uruguay sigue siendo un país muy conservador». En diálogo con el Portal de la Udelar dijo que «no se puede escapar del mundo», el país debe adoptar nuevas tecnologías en todos los ámbitos.

Ida es sin lugar a dudas una de las personalidades más destacadas de nuestro país, reconocida en el mundo por impulsar las primeras redes nacionales que sirvieron de base para consolidar la Internet en América Latina.

Su historia personal también es singular: nació en 1935 en Montevideo, en un hogar judío de origen polaco. Sus padres,que se conocieron y casaron en Uruguay, habían llegado a comienzos de los años 30. Durante el nazismo perdieron a la mayoría de sus familiares, que no pudieron escapar. Cuando Ida tenía tres años y su hermano estaba por nacer, su padre falleció. Su mamá tuvo que cuidar y sostener a la familia sola, enfrentando la pobreza.
A los 14 años Ida comenzó a trabajar y a los 18 viajó a Israel, donde permaneció cuatro años. Allí vivió en una comuna agrícola, cumplió con el servicio militar y conoció la guerra desde cerca, durante el conflicto en el Sinaí. Al regreso a Montevideo cursó preparatorios de Arquitectura y más tarde ingresó al IPA a estudiar profesorado de Matemáticas, mientras trabajaba durante el día. En 1963 conoció al artista plástico Anhelo Hernández y al año siguiente se casaron.

A fines de los sesenta Ida llegó a la Facultad de Ingeniería, luego que un docente del IPA la animara a participar junto con otros 350 interesados, de una prueba que la habilitaba a realizar cursos de introducción que dictaba IBM. Aprobó esa prueba y también todos los exámenes del curso, por eso le ofrecieron ingresar al Centro de Cómputo de la facultad. Continuó su formación como una de las primeras mujeres estudiantes del actual Instituto de Computación, donde también se integró como docente. En 1974 fue destituida por la dictadura, y tiempo después pasó a la clandestinidad con su esposo y su hijo Arauco, de pocos meses de edad. Finalmente la Embajada de México en Uruguay los asiló junto a decenas de personas, hasta que se exiliaron en ese país en 1976. Ida tiene un gran cariño por los mexicanos y guarda buenos recuerdos de sus años de exilio. En México tuvo a su segunda hija, Ayara, luego trabajó para organismos gubernamentales en el desarrollo de modelos informáticos; tanto ella como su esposo pudieron desarrollar a pleno sus ocupaciones.

Ida viajó a Uruguay en 1986 para concursar el cargo de directora del Servicio Central de Informática (Seciu), ganó el concurso y en 1987 regresó con su familia a Uruguay. Desde Seciu condujo las instalación del primer nodo de Internet en el país, y al mismo tiempo también lideró el desarrollo de la Red Académica Uruguaya (RAU). En 1991 junto a otros latinoamericanos impulsó el nacimiento del Primer Foro de Redes de América latina y el Caribe, con lo cual se precipitó el desarrollo de Internet en el continente y se habilitó la creación de la Cooperación Latinoamericana de Redes Avanzadas (Clara). Ida fue una de las promotoras del Plan Ceibal, y desde 2007 integra el directorio de la Agencia de Sociedad de la Información de Uruguay (Agesic). Ha recibido varios reconocimientos, entre ellos, se destaca su ingreso en 2013 al Salón de la Fama de la Internet Society, donde fue la primera personalidad latinoamericana. Actualmente colabora con el proyecto Ibirapitá, integra el directorio de Agesic y el Consejo Consultivo del Programa Ciudades Inteligentes de la Intendencia de Montevideo.

Su relación con Anhelo se prolongó por 48 años, hasta que el pintor falleció en 2010. En su casa la acompañan muchas de sus pinturas, grabados y esculturas, y sobre él Ida cuenta que en los últimos años se dedicó a realizar estampas digitales. Además de sus hijos, hoy tiene dos nietos pequeños. El año pasado, cuando se dirigía a Alemania para visitar a su hija y su nieto, Ida tuvo que ser internada en Madrid por una tromboembolia pulmonar de la que, dice, aún no se recupera. Nada hace pensar que ella pueda detener su impulso y que, como el mundo, no pare de cambiar.

¿Qué sabía la gente sobre las computadoras cuando usted empezó a estudiar computación?
Nada, eran bichos raros. Yo fui por curiosidad, empecé a estudiar en 1968 y ahí empecé a saber lo que eran. Sí sabía que existían, yo trabajaba en Asignaciones Familiares y ahí se había comprado una computadora chiquita. Sabía que servían para hacer un cálculo más rápido que el que hacíamos nosotros, después fui a hacer un curso y ahí me fui entusiasmando. Cuando yo entré a la Universidad la computadora del Centro de Computación de la Udelar todavía no estaba, se instaló en diciembre de 1968. Antes de eso trabajábamos con una computadora que había en el Banco Comercial.

Había muy pocas mujeres en ese ámbito, ¿cómo lo vivían?
En ese momento, en la academia, las mujeres ya tenían lugar en las ciencias sociales. Había muy pocas en ingeniería, pero había un respeto mutuo de género y no había problema. Después hubo momentos en los que había más mujeres que hombres en la informática, pero hoy ha disminuido de nuevo. Es un flujo que tiene que ver, tal vez, con la educación que se recibió en general en las familias, donde no se concebía que una mujer fuera matemática o ingeniera, parecía que sólo tenía que estar en el mundo de las ciencias sociales. Pero eso ha cambiado muchísimo, no quiere decir que todavía no haya discriminación. Nunca ha habido un rector mujer, y si vas al Consejo Directivo Central vas a notar que todavía hay muy pocas mujeres. También tiene que ver con la voluntad de las mujeres de dedicarse o no a tiempo completo a sus carreras académicas. Creo que la sociedad está cambiando, cuando yo estudiaba y estaba casada, llegaba a mi casa y cocinaba, hacía el quehacer de mi casa, etcétera, porque eso parecía que le correspondía a la mujer. Hoy en día cocinan hombres y mujeres, se reparten las tareas, al menos veo que mis hijos lo hacen. Las parejas hacen los trabajos a la par, según el tiempo y las actividades que tienen en el día. Eso está cambiando mucho.

¿Cuándo empezó a concebirse una red como la que es hoy Internet?
En el mundo, mucho antes que acá. En 1968 se puso en vigencia la primera red para el servicio militar de Estados Unidos, y a Uruguay Internet llegó en 1988.

¿Alguien imaginaba que podía tener el alcance que tiene hoy?
No, nadie se lo imaginaba, ni los propios creadores de la ingeniería lo imaginaron. Porque al comienzo las redes eran de uso exclusivamente académico y para las fuerzas armadas estadounidenses. Internet explotó en 1994, cuando se incluyó en el mundo comercial.

A pesar de ese desarrollo, ¿usted cree que son necesarias las redes de uso exclusivamente académico?
Sí, porque el tema es que en Internet toda la comunicación va en fila por las mismas vías. La investigación requiere velocidades mucho más grandes que el mundo comercial para hacer algunas cosas. Por ejemplo, en meteorología, para hacer un pronóstico de lo que va a suceder de inmediato se necesitan velocidades muy grandes y manejo de enormes cantidades datos. Eso compite en la misma fila de las comunicaciones del mundo comercial o del mundo en general, y así se enlentece enormemente el trabajo, o, como se sabe, se requiere planificación de tiempos muy precisos para realizar operaciones a distancia y muchos trabajos científicos más. Cuando hacemos un uso no académico de la red eso no se percibe, pero sí para la transmisión de grandes volúmenes de datos a gran velocidad. Se llega a realizar el tráfico, pero se enlentece mucho. Las redes académicas exclusivas funcionan de forma separada, tienen la misma tecnología pero no están compitiendo con otras.

En 1991 usted propuso la creación de un red latinoamericana, ¿por qué era necesaria?
Queríamos tener una red latinoamericana que pudiera trabajar junta para seguir anexándonos al mundo. Ya había redes en Europa, estaba en aquel momento la red Terena [Trans-European Research and Education Networking Association], que luego se convirtió en la red Geant, y también había una red que abarcaba todo Estados Unidos y se unía a Canadá. Yo creía que había que hacer esfuerzos, que era necesario tener una unidad latinoamericana. Había vivido exiliada en México durante la dictadura y había entendido que Latinoamérica tenía una historia y una vivencia muy importante. Además Latinoamérica tiene una especificidad en relación a otros continentes, y es que tiene un idioma casi único, se puede comunicar con toda facilidad. Nosotros no necesitamos tener cien idiomas, o más de treinta como tiene la Unión Europea, cuando ellos se reúnen para poder comunicarse tienen una manifestación de traductores. Nosotros no lo necesitamos, eso nos habilita enormemente. Además gran parte de Latinoamérica tiene una historia común desde sus orígenes precolombinos. A nosotros no nos llegó con toda su riqueza, pero en Perú, Colombia, Bolivia, etcétera, hubo una migración desde el norte hacia el sur, por eso tienen orígenes en común con una historia impresionante. No sé por qué en países como el nuestro lo hemos ignorado y hemos preferido siempre volcarnos a las historias europeas; no está de más, pero lo que está horrible es que no le hayamos dado la atención que requiere a nuestro continente.

¿Cómo se desarrolló esa red y qué consecuencias tuvo?
La red creada en el foro fue la antecesora de Red Clara. Con ella trabajamos en muchas cosas juntos, y colaboramos. Se usa como una red latinoamericana que además se conecta a la red europea. Cuando comenzamos a formarla en 2003 recibimos el apoyo de la Comisión Europea

La implementación del Plan Ceibal, para la cual usted trabajó, ¿generó diferencias notorias entre Uruguay y otros países?
Sí, se perciben diferencias. El Ceibal fue un plan de vanguardia en el mundo en general, que costó mucho implementar al comienzo, pero que permitió que, por un lado, los niños accedieran a Internet, y además que se generara un plan de equidad. Porque los pobres no tenían acceso a Internet. El plan tuvo muchas consecuencias, por un lado la de ampliar la red de comunicación del Uruguay enormemente. Hoy es una red con una dispersión en el país muy grande, tal vez la mayor de América Latina. Esto es así por varias razones, una de ellas fue la necesidad del Ceibal, pero otra es que la otorga una empresa nacional. Otra es que tenemos un país chico, y con muy poca población, a mi entender lamentablemente. Además el plan le dio a los niños la posibilidad de investigar, de aprender investigando y no solo recibiendo conocimientos de parte de los maestros y profesores. A veces la ceibalita no se usa en todas las escuelas porque eso depende de los maestros, que lamentablemente no fueron muy preparados para eso y que en muchos casos no les gusta, pero los niños sí la usan.

¿Cómo ve la formación que ofrece la Udelar en el área de la ingeniería informática?
Creo que la Facultad de Ingeniería es una de las más serias en la planificación de sus carreras, de sus docentes. En particular en informática tiene un nivel bastante alto.

Ha dicho que cuando llegó a Uruguay en 1987 se encontró con un país estancado y una Universidad diezmada, donde era muy difícil emprender cualquier proyecto. Incluso le costó convencer a otros de que era necesario impulsar la Internet en el país ¿Cómo se enfrentó ese estancamiento?
En la Universidad hubo mucha gente que vino del exterior y que había visto otros mundos. Entre los que se fueron por propia voluntad porque no querían quedarse durante la dictadura, y los que destituyeron en 1974, fueron alrededor de 1000 docentes. Esa gente estuvo en el exterior y vio otras realidades. Muchos hicieron afuera sus doctorados, trabajaron en las universidades y eso aportó de alguna manera una visión renovadora de las necesidades de la Universidad en general. Mucha gente se plegó a esa visión, y se empezó a trabajar en el cambio.

Pasados 30 años, ¿cuánto se superó aquel escenario?
Yo creo que Uruguay sigue siendo un país muy conservador, y que todavía cuestan mucho los cambios. No podría hablar de la generalidad, hay lugares donde se están haciendo cosas muy interesantes y otros donde hay todavía un estancamiento. De todas maneras el mundo ha evolucionado fuertemente y uno no se puede escapar del mundo, no se puede. Somos un país muy pequeño y por más que supongamos que podemos mantener cierto estatus, es imposible. El mundo camina por otro lado.

Respecto al trabajo de la Agesic, que busca transformar la administración pública incorporando tecnologías informáticas ¿en qué nivel está Uruguay?
Muy alto. Agesic es un organismo que tiene una filosofía de renovación muy alta y además una gestión muy ajustada. Es decir, se propone y se planifica permanentemente lo que hay que hacer, y se controla que se haga. Eso es bastante excepcional en otros lugares del Estado, pero en Agesic el control de la ejecución del plan es muy importante.

¿Cuánto tiempo dedica al trabajo en Agesic?
Depende de las necesidades. Soy honoraria, estoy en la Comisión Directiva donde tenemos reuniones semanales y participo en distintas comisiones. Además estoy en permanente lectura de los documentos que se transmiten a través del correo, para estudiar e ir a las reuniones con conocimiento. No podría decir cuántas horas le dedico.

Con el uso que hoy hacemos de Internet evidenciamos nuestras preferencias, se puede saber cómo nos movemos, o qué ideas o productos nos pueden interesar. Frente a esto algunos se alarman, ¿cuál es su opinión?
No es que tenga la impresión de que vienen y nos investigan —aunque no descarto que se haga—, pero la gente otorga esa facilidad. Hay ciertas cosas que no me gustan, creo que se abusa mucho de la comunicación abierta en las redes sociales, que la gente dice mucho de su intimidad. Creo que hay que ser mucho más cautos en las redes sociales abiertas de lo que se es hoy, para no generar ciertos conocimientos que, por ejemplo, han derivado en asesinatos de niños, violaciones, etcétera. Por un lado es muy buena la comunicación, conocer a la gente y al mundo, por otro lado hay que cuidarse de algunos elementos que generan problemas serios en la sociedad.

¿Qué piensa en general sobre la adopción de nuevas tecnologías en Uruguay?
El país tiene que caminar hacia eso porque no hay otra. No se puede generar una isla de tres millones de personas en un mundo de 7000 millones, no se puede, y si se la quiere generar va a quedar totalmente aislado. Creo que hay resistencia, hay algunos ámbitos conservadores y no se está viendo que indefectiblemente se va hacia un mundo de tecnología, no nos podemos apartar. Si queremos comprar afuera vamos a tener que usar los medios tecnológicos que hay para hacerlo, lo mismo si queremos exportar, si no queremos quedar totalmente aislados. Si miramos en este momento a América Latina, Uruguay tiene índices muy altos de informatización, de comunicación, de generación de seguridad, etcétera. Mucho de eso lo ha generado Agesic, a instancias del poder político. No sé cómo va a seguir, sé que es muy difícil cuando se generan conflictos en los trabajos por la introducción de tecnologías, cuando no se está entendiendo qué es lo que va a suceder. Sí van a suceder cosas muy importantes, porque en primer lugar la expectativa de vida de la gente va a subir, ya está subiendo de una manera enorme y se pronostica que llegará a 120 años de edad dentro de 30 años. Entonces ¿qué va a hacer el sistema de seguridad social? No sé si se está planteando en este momento, pero es un lío grande, porque los países tienen que tener más dinero para mantener a toda esa población anciana, que no va a poder seguir jubilándose a los 65 años, porque tiene que aumentar también la edad de jubilación, no puede ser de otra manera. Por ejemplo, las tecnologías que se podrían aplicar al transporte, en Uruguay no se aplican. Tenemos un sistema de ómnibus viejísimo, tenemos una población muy mayor y por otro lado los ómnibus tienen unos escalones altísimos, además no tienen plataformas que permitan subir niños con sus carritos o personas en silla de ruedas.Yo creo que están comprando los ómnibus de desuso en el exterior. Esto no es solo por el Uruguay conservador, sino también el comercio conservador, porque se están comprando cosas viejas. No se está pensando en la población sino en el lucro, el sistema de transporte realmente hoy podría ser otro, con más facilidades para toda la población.

¿Tiene algún proyecto que quiera terminar, o por emprender?
La verdad que no, estoy viendo qué voy a hacer. Tuve un problema muy serio de salud, me estoy recuperando y después de eso veré qué hago.

¿Haber pasado por eso cambió su perspectiva?
Sí, estar cerquita de la muerte cambia muchas cosas en la visión de la vida. Todavía me falta recuperarme por dentro, en el organismo y en la mente.

¿Cree que su origen cultural o religioso influyeron de alguna manera en su vida?
En mi infancia me influyeron pero después eso fue diluyéndose. Creo que lo que más influyó fue ver a mi madre esforzándose sola por mantenernos a pesar de nuestra real pobreza, y la fortaleza que tuvo. Eso influyó enormemente en mi vida.
Publicado el lunes 19 de febrero de 2018

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Ida Holz. Foto: Richard Paiva-UCUR. 12/12/2017 Ida Holz, una de las entrevistadas en 2018 Ida Holz. Foto: Richard Paiva-UCUR. 12/12/2017 Ida Holz. Foto: Richard Paiva-UCUR. 12/12/2017
 
 

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