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Domingo 19 de Mayo de 2019

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Leishmaniasis: Investigadores siguen de cerca ingreso a Uruguay

Integrantes del equipo de investigadores sobre Laishmaniasis en Salto. Foto del equipo de investigación, febrero de 2015.En Uruguay el insecto que transmite la leishmaniasis fue encontrado por primera vez en 2010. Desde aquel momento investigadores de la Udelar han seguido de cerca la marcha de un proceso biológico complejo que involucra también a un parásito unicelular, a la población canina, a los ciudadanos y su entorno doméstico. Dos meses atrás en la ciudad de Salto se registró el primer caso autóctono de la enfermedad en humanos; en adelante su propagación podrá ser controlada, pero no evitada.

La leishmaniasis es una zoonosis —es decir, una enfermedad transmisible que afecta a personas y animales—, causada por un parásito unicelular del género Leishmania. En Sudamérica se ha caracterizado la especie Leishmania infantum, que una vez dentro del organismo humano provoca leishmaniasis visceral (LV). Se trata de una variedad grave de esta patología que puede alcanzar una mortalidad superior al 95% si no se realiza tratamiento adecuado.

La enfermedad afecta también a los perros, que son el reservorio principal del parásito, es decir, sus organismos albergan al patógeno por un plazo muy prolongado durante el cual pueden permanecer asintomáticos, además el parásito se encuentra en condiciones adecuadas para ser transmitido. Esa transmisión se realiza a través de un insecto, que en nuestra región es el flebótomo Lutzomyia longipalpis. Estos pequeños dípteros se alimentan de sangre, de manera que contagian la enfermedad a través de sus picaduras, cuando han picado perros infectados.

Los flebótomos adultos son muy pequeños (2 a 3 mm), se caracterizan por tener el tórax incurvado y el cuerpo velloso de color oscuro. Poseen un único par de alas lanceoladas que durante el reposo ubican abiertas sobre el tórax formando una V. Se encuentran fuera y dentro de los hogares, en áreas urbanas y suburbanas con vegetación. Tienen vuelo corto y zigzagueante cercano al suelo, son difíciles de distinguir a simple vista y son más activos desde el atardecer hasta el amanecer.

Las personas afectadas con LV no transmiten la enfermedad, porque desde el organismo humano el parásito no se transfiere a los vectores. Por esta razón, su incidencia en los perros es siempre superior a la incidencia en humanos y usualmente la infección en perros precede a los brotes en humanos.

Emergente
En la década pasada Uruguay se encontraba alejado de la zona endémica de LV, la mayoría de los casos se concentraba en Brasil. Paulatinamente su distribución se ha expandido hacia el sur del continente hasta llegar a zonas fronterizas con Uruguay, tanto en ese país como en Argentina.

En virtud de esta evolución, la investigadora de la Facultad de Medicina Yester Basmadjián, profesora del Departamento de Parasitología y Micología, emprendió junto a colegas argentinos la búsqueda de indicios sobre el ingreso de la enfermedad al Uruguay. Así, en 2010 el equipo registró por primera vez la presencia del insecto vector en nuestro país en Salto y Bella Unión, zonas muy cercanas a Monte Caseros, Argentina, donde en 2009 se había verificado la existencia de un brote de LV en perros.

A raíz de este trabajo y en el marco de un proyecto de la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Udelar, se conformó un equipo con investigadores de las facultades de Medicina y Veterinaria y el Instituto Pasteur. Desde 2013 trabajan en el tema, con los objetivos de determinar aspectos de la dinámica poblacional del vector a lo largo del año, y formar recursos humanos para desarrollar la investigación y la vigilancia sobre los perros, los vectores y los eventuales casos humanos. El grupo también elaboró, junto con el Ministerio de Salud Pública (MSP), la Guía de diagnóstico, tratamiento y control de la leishmaniasis visceral en Uruguay, además de otros materiales de difusión.

En 2015 esa vigilancia derivó en el hallazgo y reporte de un brote de leishmaniasis en perros en el barrio Arenitas Blancas de Salto, primero en nuestro país y que es hasta ahora el registro más austral a nivel mundial. El 5 de diciembre pasado se registró el primer caso de LV en humanos en nuestro país; sucedió en Salto, la afectada fue una niña de cuatro años que ya se encuentra recuperada. El 23 de enero se registró el segundo caso en el mismo departamento, se trató de una persona adulta que, lamentablemente, falleció a comienzos de este mes.

Basmadjián explicó al Portal de la Udelar que a este punto la enfermedad está instalada en nuestro país, y de acuerdo a su evolución en los países vecinos, se puede esperar un aumento de los casos autóctonos en humanos, «no será explosivo, pero se van a dar más». Señaló que en Argentina, donde la LV en humanos se constató por primera vez en 2006, ocurren actualmente cerca de 50 casos por año.

De cara a la enfermedad
En humanos, el período de incubación de la LV varía entre 10 días y 24 meses, en promedio es de 2 a 6 meses. La infección puede ser asintomática, y cuando no lo es puede presentarse con síntomas inespecíficos como fiebre por tiempo prolongado, debilidad, falta de apetito, adelgazamiento, tos seca y diarrea. En el 6 a 20% de los casos, además de esos síntomas la enfermedad genera agrandamiento del hígado y del bazo, anemia, disminución de plaquetas y glóbulos blancos.

Las personas más vulnerables a los efectos de la enfermedad son los niños menores de 10 años y los mayores de 60. Para confirmar la existencia de leishmaniasis se realizan estudios que evidencien el parásito en tejidos, pruebas serológicas de alta especificidad o diagnóstico por PCR. Estas pruebas se realizan respectivamente en el Departamento de Parasitología y Micología de la Facultad de Medicina; en el Departamento de Laboratorios de Salud Pública, Unidad de Parasitología y Micología, División Epidemiología (MSP); y en el Instituto Pasteur.

Es importante que en los servicios de salud se considere la posibilidad de infección por Leishmania en pacientes con síntomas compatibles, sobre todo si provienen de las zonas donde se encuentra el vector, explicó Basmadjián. Agregó que se trata de una patología grave que debe ser tratada precozmente. En humanos se realiza un tratamiento farmacológico en internación con Anfotericina B liposomal como fármaco de primera elección. Si bien es costoso, este tratamiento está disponible para todos los afectados, aclaró.

Los perros pueden infectarse a través de la picadura del flebótomo, por transmisión sexual o por vía transplacentaria. Los caninos infectados son muchas veces asintomáticos, pero aún así pueden transmitir la enfermedad. Es posible que presenten manifestaciones clínicas varios años después de la infección. Estas son fiebre irregular, apatía, disminución de peso, descamación furfurácea y úlceras en la piel, generalmente en hocico, orejas y extremidades, queratoconjuntivitis, paresia del tren posterior, heces sanguinolentas y crecimiento exagerado de las uñas.

Prevención y control
Para prevenir la expansión de la enfermedad, el equipo nacional de expertos en el tema se ha propuesto identificar las áreas vulnerables para la transmisión de LV, y realizar un monitoreo constante en las zonas afectadas. Este incluye el control de la presencia de perros, la detección de perros infectados, la aplicación regular de un cuestionario específico a los habitantes de viviendas con canes positivos y un porcentaje de viviendas de la misma zona, seleccionadas al azar.

Tanto en la sede Salto del Centro Universitario Regional Litoral Norte como en Montevideo, la Facultad de Veterinaria procesa las muestras provenientes de perros en los que se sospecha la presencia de leishmaniasis. Lamentablemente no existe un tratamiento efectivo para la enfermedad en caninos, afirmó Basmadjián. El MSP recomienda la eutanasia de los perros infectados, pero la medida se lleva a cabo solo si existe consentimiento de sus dueños. La investigadora indicó que en general los propietarios de mascotas infectadas han asumido una actitud colaborativa, tratando de impedir que sean fuente de propagación del parásito. Agregó que acceden a sacrificarlas cuando a mediano plazo desarrollan la enfermedad, porque «es duro ver a los perros con leishmaniasis».

Basmadjián expresó que es necesario apoyar con más recursos humanos la tarea que llevan adelante los docentes Eduardo Supparo, del Área de Salud Pública, y Zully Hernández, del Área de Parasitología de la Facultad de Veterinaria, (también técnicos responsables de la Comisión Nacional de Zoonosis). Hasta el momento ambos tienen a cargo la vigilancia y control de la salud de la población canina en las zonas afectadas. Si bien ocasionalmente reciben refuerzos por parte de algunos estudiantes de Veterinaria, no cuentan con un equipo estable que les permita profundizar el trabajo de campo.

La Udelar también colabora con el MSP en la identificación de flebótomos. Esta tarea está asociada a la búsqueda que el ministerio lleva adelante en distintos puntos del país, a partir de la colocación de trampas para insectos. Basmadjián explicó que el control se realiza fundamentalmente en el litoral oeste, desde Artigas hasta Paysandú, y a partir de este año se extenderá a departamentos colindantes.

En casa
Una de las medidas que pueden frenar la propagación de la enfermedad es el control de la población de flebótomos con base en el manejo ambiental. Para ello se recomienda a la población mantener limpio el peridomicilio humano. Las larvas del insecto se desarrollan en el exterior de las viviendas, donde hay acúmulos de sustancia orgánica que pueden servir para el desarrollo de larvas: materias fecales, restos de comida, basura, acumulación de residuos vegetales como hojarasca, restos de poda o troncos que conserven altos niveles de humedad. También se desarrollan bien en gallineros y otros refugios de animales. No se recomienda el uso indiscriminado de insecticidas; tienen muy corta duración y dispersión espacial, producen contaminación ambiental y favorecen la resistencia, además de actuar solo sobre los individuos adultos.

El equipo recomienda promover la tenencia responsable de mascotas, y sugiere alejar el sitio de reposo de los perros de la vivienda humana, sobre todo de las camas de las personas. También aconseja colocar collares repelentes con deltametrina a los perros. Para Basmadjián «esta es la única medida preventiva» que se conoce, en su opinión no existen vacunas ni fármacos realmente efectivos contra la leishmaniasis canina.

Se sugiere controlar a los perros sanos en las horas de mayor actividad de los flebótomos, desde el crepúsculo hasta el amanecer, e incluso utilizar repelentes en sus lugares de reposo. Las personas deben protegerse utilizando repelentes y telas mosquiteras. Se debe evitar, sobre todo, el traslado de los perros desde zonas endémicas a otras o el ingreso de nuevos perros a zonas de transmisión, y denunciar la presencia de animales sin dueño.

Además de Basmadjián, Supparo y Hernández, en la investigación, control y difusión sobre el ingreso de la enfermedad a Uruguay han trabajado Luis Calegari, Selva Romero, Ana Viera, Telma González, Jordan Bambini, Cecilia Tort, Corina Espinosa, Lucas Bentancor, Paula Pedraja (Facultad de Medicina), Carlos Robello (Facultad de Medicina, Instituto Pasteur), Dinora Satragno, Carlos Soto, Alejandra Lozano, Lorenzo Verger, Pedro Martino, Edgardo Vitale, Valentina Velichco, Soledad Juan, Eugenia Agesta (Facultad de Veterinaria), Bruno Canneva (Facultad de Ciencias), Gonzalo Greif, Paula Faral-Tello, Andrés Cabrera (Instituto Pasteur), Gabriela Willat (MSP), Cirino Sequeira (doctor en Veterinaria, Bella Unión), Oscar Daniel Salomón, María Soledad Fernández y María Soledad Santini (Centro Nacional de Diagnóstico y Investigación en Endemo-Epidemias, Ministerio de Salud de la Nación, Argentina).

Descargar afiche sobre prevención de leishmaniasis

Acceder a video sobre prevención de leishmaniasis

Más información:

Descargar Guía de diagnóstico, tratamiento y control de la leishmaniasis visceral en Uruguay

Descargar artículo Autochthonous Outbreak and Expansion of Canine Visceral Leishmaniasis, Uruguay (Emerg Infect Dis. 2017;23(3):536-538)

Descargar artículo Lutzomyia longipalpis in Uruguay: the first report and the potential of visceral leishmaniasis transmission. (Mem. Inst.Oswaldo Cruz. 2011;106(3):381-382)
Publicado el viernes 15 de febrero de 2019

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Integrantes del equipo de investigadores sobre Laishmaniasis en Salto. Foto del equipo de investigación, febrero de 2015.
 
 

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