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Domingo 18 de Agosto de 2019

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Debate «¿Hay ideología de género? ¿Hay género en la ideología?»

Foto: Andrea Cammarano, UCUR, 26/06/19El miércoles 26 de junio se llevó a cabo la mesa debate «¿Hay ideología de género? ¿Hay género en la ideología?», con la participación de Hoenir Sarthou, abogado y periodista y Alejandra López, coordinadora de la Red Temática de Género de la Udelar. Los comentarios estuvieron a cargo de Andrea Díaz, profesora de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y coordinadora de la Red sobre Laicidad y Democracia de la Udelar y Nelson Villarreal, integrante de la Red sobre Laicidad y Democracia de la Udelar y docente del Instituto de Historia de las Ideas de la Facultad de Derecho. La encargada de moderar la mesa fue María Simon, decana de la Facultad de Ingeniería.

En su exposición, Sarthou señaló que existen dos grandes nociones históricas de laicidad en nuestro país. Una refiere a la educación laica por omisión, en la que ciertos temas «ásperos» en los que era difícil lograr consenso social se suprimían de los programas de enseñanza. Esto incluía la política, la religión, y el fútbol, entre otros.

Sin embargo, ese criterio cambió. Según el Artículo 17 de la Ley General de Educación vigente hace 10 años, «el principio de laicidad asegurará el tratamiento integral y crítico de todos los temas en el ámbito de la educación pública, mediante el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento que posibilite una toma de posición consciente de quien se educa. Se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de saberes y creencias.» Hay entonces un giro de 180º respecto a lo que era la laicidad por omisión.

¿Disciplina o ideología?
Hoy estamos en este nuevo paradigma de la laicidad por pluralidad o por contraposición de ideas, lo cual «es un desafío enorme para cualquier educador». A partir de esta idea de laicidad, Sarthou planteó la interrogante de cuál es el status de los estudios de género en la enseñanza. Afirmó que en los últimos años los estudios de género han ingresado al mundo académico y pugnan por ingresar a los niveles inferiores de la enseñanza (primara y secundaria). El concepto «estudios de género» parecería indicar un análisis neutral o plural del problema de las relaciones entre los géneros o de la existencia misma de ellos. Sin embargo, «cuando uno ve los contenidos que trata o cómo se conforman los planes de estudio percibe que el tono no es el de un análisis desapasionado o la contraposición de distintas visiones sobre el problema de género, sino que hay un núcleo conceptual que es una especie de norma preestablecida».

Desde el punto de vista epistémico, Sarthou observó algunos puntos anómalos para considerar los estudios de género como una disciplina científica. El primer punto es que es profundamente controvertida; se le oponen las visiones religiosas, biologicistas, y desde la antropología o las ciencias sociales también hay debates, por ejemplo, sobre el concepto de patriarcado. Esas controversias, para Sarthou, generalmente no se plantean en los estudios académicos, es decir, no es usual que ese núcleo duro de los estudios de género sea sometido en clase a las críticas religiosas, biologicistas o de las ciencias sociales.

Por otro lado, para asignarle un estatus científico habría que analizar también el método de investigación. Sarthou afirmó que algunos datos que se manejan desde los estudios de género no están sometidos o no resisten una comprobación experimental. Por ejemplo, la llamada brecha salarial: «no existe prueba de que tal brecha exista en la forma en que se la plantea, es decir, en términos de menor remuneración por hacer el mismo trabajo. Ese discurso carece de toda demostración empírica en Uruguay, sin embargo se maneja como un dato de la realidad».

El tercer aspecto es su carácter militante. Indicó que si se analiza cualquier texto académico sobre estudios de género, hay un permanente discurso de denuncia, es decir, no se limita a señalar una serie de rasgos sino que se le da una carga valorativa permanentemente; las situaciones de inequidad, las referencias al patriarcado, a la subordinación de la mujer son presupuestos, no son el resultado del propio desarrollo de texto. Los textos también suelen incluir propuestas para modificar la realidad. «Uno presume que si lo que se propone es aportar información o elementos fácticos para respaldar cierto diagnóstico sobre la realidad no sería lógico que junto con el diagnóstico estuvieran las calificaciones y los tratamientos, pero eso suele venir mezclado en los textos que se presentan como estudios de género», señaló.

Sarthou concluyó que los estudios de género son una hipótesis o una teoría sobre cómo funcionan las relaciones entre los sexos, pero no un saber científico. «Entiendo que es una ideología de género en la medida en que es una representación de la realidad mediada por los intereses o la posición en la sociedad de quien interpreta esa realidad; es más ideología que producción de conocimiento científico», sostuvo. Y añadió que de acuerdo a nuestro concepto legal de laicidad, en los ámbitos públicos sería necesario que esa ideología compartiera espacios con otras visiones, ya sea de la religión, la biología o las ciencias sociales, que la ponen en duda.

Estudios de género en la Udelar
Por su parte, López comentó que en setiembre la Facultad de Psicología celebra los 20 años de los estudios de género, sexualidad y salud reproductiva. Al respecto, señaló que «este corpus teórico metodológico de corte interdisciplinario tiene un desarrollo muy interesante en el campo de la psicología en diálogo con otras disciplinas como la biología, la filosofía, la historia, la antropología. Desde la psicología hemos podido contribuir a nivel nacional y en diálogo con grupos de investigación de la región al desarrollo de una serie de evidencias empíricas sobre cómo las personas nos construimos como objetos sexuados, cómo nos relacionamos en base a sistemas de sexo-género a nivel social y cómo esto se incorpora subjetivamente».

Sostuvo que estos estudios sobre temáticas de género en la facultad comenzaron a realizarse sin agenda de investigación, sin recursos, con baja institucionalización, sin incorporación en la currícula y «fue un proceso muy interesante porque con el correr de los años hemos logrado tener una agenda de trabajo intensa a nivel de investigación, de enseñanza de grado y posgrado, de extensión, y esto es parte de los procesos de legitimación académica y científica a nivel nacional e internacional».

También se refirió a su participación en las Conferencias de Población y Desarrollo y de la Mujer de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en los años 1994 y 1995 donde tuvo contacto con «una primera versión de lo que hoy se llama ideología de género». Agregó que esto le permitió experimentar de manera directa cómo la agenda de derechos estaba en disputa y cómo el avance en la conquista de derechos de las mujeres en particular era un campo de batalla en ese proceso de reconocimiento. En ese contexto es cuando se acuña por primera vez la expresión ideología de género por parte de «grupos anti derechos» que abogaban por evitar esos avances en la agenda de derechos.

En este marco, López señaló que la etiqueta de ideología de género va adquiriendo progresivamente un uso por parte de algunos actores en un discurso secularizado, que cuestiona la cientificidad de los estudios de género y la legitimidad de las reivindicaciones sociales por la igualdad, por el reconocimiento a la diversidad sexual, por el derecho de las mujeres a decidir cuándo y cuántos hijos tener, cuándo y con quién tenerlos, o si tenerlos, además del derecho a contraer matrimonio con personas de su mismo sexo.

Finalizó su intervención manifestando que existe una retórica sobre la inexistencia de evidencia suficiente para validar los estudios de género, que se sostiene solamente por «el interés particular de grupos feministas radicales que buscan legitimar determinadas agendas, y por eso se genera una suerte de ficción para quitarle legitimidad a las demandas sociales y discutir su cientificidad en lo que hace a su expresión académica».

Villareal, quien es integrante de la Red sobre Laicidad y Democracia de la Udelar explicó, al inicio de su intervención, que el rol de esta red es generar masa crítica desde lo académico interdisciplinar y su comprensión sobre la laicidad, «por eso partimos desde una comprensión democrática que reconoce la diversidad y la tolerancia centrada en el crecimiento de los derechos».

Agregó que este debate es importante teniendo en cuenta los principios de la Universidad de la República en el aporte «al proceso actual de cambios civilizatorios y culturales en los que la emancipación humana devenga en el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, colectivos y pueblos para una convivencia tolerante y respetuosa de la diversidad».

También mencionó los procesos históricos de emancipación que han ido ampliando «la comprensión del reconocimiento de lo que entendemos como la condición de estatuto del humano que tiene una disrupción con la categoría de género». Al respecto, indicó que los movimientos feministas, de la diversidad, como los étnicos raciales y ambientalistas impactan en la comprensión de lo que entendemos por sujeto humano, y nos estamos replanteando el concepto de sujeto que había surgido en la modernidad dura, y es necesario fundamentar estos cambios». A su entender, los movimientos feministas y la academia con enfoque de género han fundamentado sus planteos. Por último, destacó que hay reivindicaciones epistemológicas que a veces «están por fuera de los contextos de procesos sociales que se están dando y que no significa que sean mera ideología, sino una forma de construir el sujeto cognoscente y que produce.»

Falacias
Refiriéndose a la exposición de Sarthou, Andrea Díaz explicó que la falsación ha sido discutida epistemológicamente. Es así que para Kuhn una anomalía científica puede sostenerse a pesar de ser anomalía. Es decir, lo que lleva al cambio de paradigma no es que no ha sido falseado o contrastado, sino que influyen los grupos de poder, los eventos sociales y políticos.

Asimismo, el concepto de ideología de género, desde la perspectiva de género, es la construcción de un hombre de paja, es caricaturizar esa perspectiva para derribarla. «Es una falacia, pues, de hecho, no existe un único feminismo, una idea solamente de los estudios de género», afirmó. Desde visiones contrarias, se piensa que los estudios de género son un caballo de Troya de un grupo social que quiere reivindicar derechos y destruir la familia y tradiciones.

Respecto al planteo de Sarthou sobre permitir que las distintas perspectivas de género estén integradas en la enseñanza, Díaz se preguntó: ¿se puede defender en un sentido académicamente sustentado la idea de que somos solo hombres y mujeres o su idea de familia? ¿Esta perspectiva no implica discriminación? «El ámbito educativo no es para defender la ideología o la idea de mundo de un grupo en particular, es todo lo contrario», expresó.

En esta misma línea, se refirió a la observación de Sarthou de que los estudios de género no tienen una mayoría detrás. Para Díaz, «la falacia es: que sea una mayoría no quiere decir que sea bueno; separaría esta idea de mayoría de lo aceptable o de estar en lo correcto». En ese sentido, la política es una lucha de intereses, pero «creo en una política que educa a la ciudadanía y puede adelantarse a ese sentido común mayoritario. La legislación no es neutral sino una forma de reconocimiento y merecimiento, no se está solo diciendo “ustedes tienen derecho al matrimonio igualitario o a elegir el género”, sino que se está valorando y reconociendo con honra pública a personas que han sido sistemáticamente negadas y violentadas en sus derechos por ser».

Publicado el viernes 28 de junio de 2019

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