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Domingo 15 de Diciembre de 2019

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Violencia y acoso en Udelar: Decir «basta» y construir

Durante la jornada de reflexión «Violencia y acoso en la Universidad: Responsabilidad colectiva», se intercambió en distintos grupos sobre la prevención, el abordaje y seguimiento de estas situaciones. En base al planteo general de que es necesario «dejar de mirar para el costado», surgieron ideas acerca de la formación para trabajadores y estudiantes respecto a la temática, el ajuste y la difusión de protocolos y la contención para personas y grupos afectados, entre otras.

Antes de cerrar la jornada se presentó un resumen de lo discutido en diferentes talleres donde participaron más de 200 inscriptos. En el eje 1, enfocado en la prevención del acoso, violencia o discriminación, los participantes estuvieron de acuerdo en que se deben fomentar las relaciones saludables, la empatía y el respeto en los ámbitos universitarios. Comentaron que es necesario desnaturalizar comportamientos instalados que van en contra de ese objetivo y «hablar de los temas» para «dejar de mirar para el costado».

Plantearon la importancia de ofrecer una formación con perspectiva de género para quienes trabajan en la Udelar, así como también capacitación en manejo de conflictos. Cuestionaron si se requiere aprobar un código de ética o acuerdos de convivencia y coincidieron en la necesidad de generar estructuras permanentes con orientadores que aborden las situaciones desde los primeros escalones de conflicto, tal como fue planteado por Silvia Franco durante la apertura de la jornada. También señalaron que se debe trabajar para evitar la excesiva burocratización en el manejo de estas situaciones.

En la discusión del eje 2, referido a la atención a personas y grupos una vez que ocurren las situaciones de acoso o violencia, se manejó la idea de contar con ámbitos de consulta o denuncia tanto dentro de cada servicio como a nivel descentralizado, a los que se pueda acudir de forma optativa. Se reflexionó sobre las formas de garantizar el anonimato de los involucrados, se planteó que es necesario «revisar los protocolos de manera constante» y realizar evaluaciones de riesgos y daños. Se sugirieron intervenciones de sensibilización para los grupos afectados y también la posibilidad de incluir en la currícula de todas las carreras de la Udelar un módulo sobre perspectivas de género y violencia, así como la capacitación obligatoria a todos los funcionarios.

Con respecto a los temas vinculados a la protocolización y el seguimiento, previstos para los ejes 3 y 4, los participantes entendieron conveniente que haya un protocolo central pero que también cada servicio pueda generar variantes adecuadas a su realidad específica. Señalaron la importancia de dar la más amplia difusión del protocolo de actuación para que sea conocido por todos los trabajadores y estudiantes. Valoraron positivamente la existencia de varias vías de ingreso para las denuncias, e indicaron que podrían ser todavía más.

También plantearon que es necesario contar con una orientación general respecto al manejo de la confidencialidad en estas situaciones. Además de ámbitos de denuncia, sería bueno generar espacios de orientación «de primer abordaje» donde plantear dudas o situaciones de incomodidad, como los que tienen algunos servicios, indicaron. Se discutió sobre las diferencias entre el acoso laboral y el acoso sexual, y sobre la necesidad de tener en cuenta la perspectiva de género en estos casos. Recurrir a la mediación, colocando a la víctima frente al denunciado, es un procedimiento que no se recomienda en casos de acoso sexual, puntualizaron.

En todos los casos deberá procurarse la celeridad en el procedimiento, manteniendo la reserva y el anonimato, y es importante que «el costo de la denuncia no sea mayor que el de no denunciar», plantearon. Señalaron la importancia de establecer plazos para procesar las denuncias, y así bajar las expectativas del denunciante y a la vez darle seguridad. Además, se debe asegurar la accesibilidad para denunciar, plantearon, tanto para quienes están en el interior como para quienes pueden tener dificultades debido a una discapacidad, por tener hijos pequeños a cargo o estar privados de libertad. También se debe pensar cómo manejar las situaciones en comunidades pequeñas como las del interior.

Otro de los puntos conversados en estos grupos fue el rol de los decanos y jefes: se planteó que deben «asumir un compromiso personal», tanto para difundir el protocolo vigente como para actuar en situaciones de acoso y violencia, indicaron. También se sugirió que en el protocolo se incluyan normativas que refieren a las leyes sobre discapacidad, personas trans y violencia basada en género.

En relación al seguimiento de los casos, se propuso ofrecer acompañamiento técnico para todas las partes, tanto a víctimas como a quienes acosan o discriminan, a los grupos afectados, y también a decanos y otras autoridades para que puedan seguir actuando.

Contrato social
El encuentro concluyó con las intervenciones de Gabriela Pacci, presidenta del Servicio Central de Bienestar Universitario, y Luis Leopold, prorrector de Gestión Administrativa de la Udelar.

Pacci indicó que el espacio compartido en la jornada es un hito para la Udelar; «estamos en un momento de oportunidades para pensar y construir colectivamente, y atender un asunto que transversaliza a todos, como sociedad, como trabajadores y como estudiantes de la Udelar». Afirmó que la actividad fue también una instancia de prevención porque «nos vamos a ir hoy con un pensamiento diferente y vamos a seguir pensando sobre qué podemos hacer desde nuestros lugares para la prevención, atención y erradicación de las violencias que se expresan por diferentes situaciones de vulnerabilidad».

Destacó que durante la jornada se hizo énfasis en la necesidad de pensar los diferentes aspectos de esta temática desde la perspectiva de derechos humanos. Agregó que «es inevitable que para prevenir, construir procedimientos, generar institucionalidad y hacer seguimiento a las situaciones que se atiendan, debe incorporarse la perspectiva de derechos humanos y al mismo tiempo la perspectiva de género».

«Este es un asunto colectivo», remarcó, porque como Universidad de la República «somos una expresión de sociedad» en un ámbito institucional concreto. Por tanto «la interseccionalidad tiene que estar dada porque las vulneraciones de derechos tienen que ver con las desigualdades de poder», muchas veces en relación a género, raza, clase, entre otras categorías. Reconocer esto «implica desnaturalizar las situaciones de violencia», indicó. «Si esa institucionalidad no deconstruye la cultura institucional, patriarcal, desigual, hegemónica, no va a ser posible que esa estructura genere una cultura institucional nueva»; no es un asunto solo de la institución, situado en un lugar de externalidad, «sino que es parte de una construcción de todos los días» opinó.

En referencia a los intercambios en los talleres sobre la necesidad de generar procedimientos, marco normativo e institucionalidad para prevenir, abordar y atender el acoso, Pacci expresó que un marco normativo institucional brinda garantías, pero «se trata también de que todos los días cada uno de nosotros piense si lo que estamos viendo o lo que estamos haciendo es o no es una acto de violencia».

Se refirió a la activista Kate Millet y su pensamiento de que «lo personal es político». «La violencia se puede expresar en algunos y algunas pero tiene que ver con lo político. No se trata de víctimas y victimarios. Se trata de generar procesos institucionales que no legitimen y no generen un caldo de cultivo de violencia. Que se construyan relaciones igualitarias y constructivas en el marco de los derechos» concluyó.

Por su parte Leopold opinó que es «muy importante la invocación a la responsabilidad colectiva», un concepto que tiene que ver con el tejido y con el contrato social, y que nos lleva a pensar en la idea de «justicia organizacional».

Señaló que para prevenir, identificar, proteger, combatir o sancionar en situaciones de acoso y violencia, se pone en juego la institución universitaria pero no la organización universitaria. No es un tema que haya que abordar dependiendo si sucede «dentro o fuera de la facultad tal, no es un tema de adentro o afuera de edificios, es un contrato institucional, es un contrato de tejido social». Igualmente es necesario cambiar aspectos de la organización, reglamentos, formas de funcionamiento, acotó.

Como ejemplo de la importancia que tiene el contrato social para «la producción de bienestar o de sufrimiento de los colectivos», mencionó datos concretos sobre la situación social en Chile: solamente 7% de los trabajadores participa de convenios colectivos de trabajo, y el 50% de las pasividades no pasa de los 200 dólares mensuales, estos «son indicadores de un tejido social que en algún momento se vuelve insoportable para la gente».

Afirmó que durante este siglo quienes integramos la Udelar «hemos ampliado muchísimo nuestra perspectiva de derechos», observando tanto «nuestros derechos como los de los otros». Particularmente desde fines de 2018 se produce un cambio en Udelar que tiene que ver con «muchas compañeras y compañeros, básicamente mujeres, que dicen basta a estas situaciones», y que ubican el problema no solo en un espacio de protección privado sino también en el espacio público, con sus denuncias. Esto encontró a la institución sin saber qué hacer organizacionalmente para abordar el problema, y ahora la pone en un camino de construcción para hacerle frente.

Destacó que en la Udelar falta mucho para tomar medidas en serio, por ejemplo, en relación a la paridad de géneros. Se han realizado algunas acciones que buscan favorecer la paridad, que «no son un acto de marketing», son muy importantes, y sin embargo aparecen «ninguneadas» en el debate universitario. Esto tiene relación con «el contrato entre nosotros» que está en juego.

Leopold expresó que «necesitamos que las direcciones tengan posicionamiento claro» ante las situaciones de acoso o violencia, indicó, «es muy importante que todos pidamos ayuda para no mirar para el costado». Alentó a crear espacios que vayan generando «resúmenes integradores» que permitan tomar decisiones claras, ajustar protocolos y procedimientos. Debemos generar un contrato entre universitarios en todos los niveles «donde claramente no tenga lugar ninguna forma de ninguneo del otro», concluyó.

Acceder a los videos de la jornada en Teleuniversitaria

Política central ante el acoso en la Udelar

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Publicado el martes 12 de noviembre de 2019

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